Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A los quince dias de abierto el teatro, ha comido 6 intimado con todos los artistas. Si los cantantes resultan buenos, oyó como sin intención las opiniones de los críticos, y en cuanto alguno de éstos dice; Mañana hablo bien de Fulano, porque me gusta se dirige á escape el protector á comer ó á almorzar con el artista aludido por el critico, y le dice: -Lee lo que digo mañana de t i en tal periódico; ó dicho con más propiedad, lo que hago dedr de tu mérito. Y no h a y quien le coja en u n renuncio. Sagaz u n critico, dijo intencionadamente que hablaba m u y bien de ta, l cantante, cuando había y a enviado á la imprenta unas cuartillas en las que le ponía como chupa do dómine; pero más astuto a ú n el protector, buscó el modo de leer la revista en galeradas, y al enterarse de la paliza endilgada á su protegido, se ausentó de Madrid dos ó tres días. Al volver lo increpó con dureza el artista censurado, y el protector, fingiéndose indignadísimo, exclamó: ¡iSTo me sucederá más; no volveré á salir de Madrid cuando hagas la primera representación de cualquiera de t u s óperas! Si yo hubiera previsto el caso Pero se empeñó Garlitos en que le acompañara á cazar u n par de días en L a Flamenca Después se supo que había pasado la ausencia en Arganda. Y al seguir hablando de Garlitos, descubrió con la mayor sangre fría que se trataba del duque de Alba, al cual conoce hasta el punto de saludarle respetuosamente y nada más. -Y el periódico miente, sigue diciendo, porque almorzando esta mañana con Emilio, con Gastelar, ¿eh? le he oído decir que hSces u n a verdadera creación de ese papel, opinión que confirmó después Toño Gánovas en la Huerta hablando con sus íntimos, entre los cuales tiene la bondad de darme sitio. Por supuesto que el protector no ha pisado más huerta que la del cura. Pero no deja de seguir hablando. Oidle. -Anoche, sin ir más lejos, no se hablaba en el teatro más que de t u último triunfo. iHa estado admirable! decía Segismundo, ¡admirable! Y Moret sabe lo que se dice. Y de t u belleza y tu mérito se hacía lenguas Angelita en su palco. Angelita es nada menos que la respetable esposa del Sr. Sagasta. Pero si el protector no fingiera esta cordialidad de relaciones, no podría hacer bien su papel. Asi pasa la temporada: comiendo hoy aquí y allá mañana, siempre opíparamente, y fascinando á los artistas; porque hay que decirlo: sea porque el demonio del amor propio obscurece la vista, ó ya porque la atmósfera teatral perturba la claridad del entendimiento, nada hay m á s susceptible de explotación que el cantante de ópera, si se le hiere con astucia el resorte de la vanidad. Cuando el protector necesita dinero, nada pide para si, pero halla siempre la ocasión de hacer guante á u n a persona tan desgraciada como distinguida, ó la de formar u n a claque secreta que contrarreste las tendencias malévolas de la oficial, y quinientas pesetas do vez en cuando no hay quien se las quite. Una anécdota histórica completará este dibujo. Se halla el protector á la puerta de la Tabacalera en la calle de Sevilla, y ve encaminarse hacia él u n artista. ¿Qué haces aquí? -Voy á comprar tabacos, dice el protector. Entra, y te invitaré á u n Londres. Y entran en el despacho. -Dome usted dos Londi- es, u n a caja de brevas y otra de imperiales; de mis marcas ¿eh? Almuerzo con Matías. El pone los platos y los vinos, y yo el tabaco. Quiero lucirme. ¿Quién es Matías? -Casi m i hermano. El abate Pirrabas, Estremécese el artista de espanto y de esperanza. Manda añadir á las dos pedidas cuatro cajas m á s y las paga, mientras el protector finge no ver lo que está pasando. ¿Qué debo? -Ha pagado el señor. ¡Pero hombre, eso es u n a ofensa! -Dile al señor Abate que se digne aceptar esa pequenez en nombre mío, dice el artista. A s i lo haré, ya que te empeñas. Y no lo hace, por supuesto, porque sabe á ciencia cierta que Matías, al oír el ofrecimiento, de u n a puntera seria capaz de enviarle desde la puerta del café Inglés á u n balcón de la Equitativa. Este es el tipo que he pretendido retratar, y éstos los pobres artistas. Las tiples, en sus beneficios, reciben de nuestro héroe algunas flores; los tenores, barítonos ó bajos alguna encomienda de Isabel la Gatóliea, haciéndoles pagar el quintuplo de los derechos de cancillería y el triple del valor de las insignias. ¡Pobres cantantes! lí ÍFAEL DIBUJOS DK M B C A C H I S MABIA LIEEiS