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TIPOS DE LA OPERA EL PROTECTOR L tipo que me propongo dibujar no arraiga más que en los teatros de ópera. En los de zarzuela ó verso nos conocemos todos, y es difícil, por tanto, que nos engañemos los unos á los otros. El artista extranjero que llega á España necesita indudablemente, por mucho talento que tenga, alguien que lo inicie en la manera de ser de los teatros españoles, algún sugeritore indígena que le indique los procedimientos seguros de llegar al primer éxito y á su continuación en escala ascendente. El que explota esa necesidad adquiere entre nosotros el nombre de protector. H e aquí las condiciones que debe reunir: ingenio, elegancia, distinción, ixn traje de etiqueta irreprochable, saber italiano y francés, y no tener n i una peseta. Esto es lógico. Si el dinero ilustrara aquellas condiciones, no tendría el protector que descender á la humillación en que frecuentemente le colocan circunstancias imprevistas, ni haría papeles indignos de las personas de bien. No puede asegurarse que el protector esté abonado, aunque se le vea ocupar en todas las funciones la misma butaca. La tiene de rosas, Eeco ilproblema, cuya solución no sería difícil encontrar en los libros de la empresa, partida de abonos incobrables. Por qué aguanta el empresario la insolvencia del protector? Porque este caballero está m u y bien relacionado, y sobre todo, porque tiene una lengua viperina. Teniéndole contento, asegura la empresa u n daqueur invencible, y si lo contraría, se crea u n enemigo formidable. P o r q u e ¡cosa raral el protector no tiene fuerza bastante á producir un gran éxito, pero puede atraer sobre el teatro la tempestad de una grita ruinosa. El protector visita todos los palcos del teatro y las casas de las personas que los ocupan. A su firma en una letra ó en un pagaré no concederían crédito alguno; pero á sus palabras en asuntos artísticos se lo dan ilimitado. Es claro; en su larga vida ha tratado con todos los artistas, ha comido muchas veces con las eminencias del arte, con todos se ha tuteado, y conserva fotografías con expresivas dedicatorias de las estrellas más resplandecientes del cielo musical. Sin dificultad encontrará á diario u n cubierto en casa de sus amigos, que se lo ofrecen gustosos á cambio de una conversación amena salpimentada de fina y punzante murmuración de la vida de bastidores, pero difícilmente dará u n SSÍhlazo de d duro. Eso no le importa gran cosa. Come bien aquí y allí, paga para dormir u n modesto cuarto amueblado con cierto confort, está bien vestido, y lo demás ya lo sacará él de los artistas. H e aquí el modo de entrar en relaciones con ellos. Si los artistas recién llegados no traen cartas de recomendación para la importante personalidad del protector, éste se presenta á ellos fingiendo que tal ó cuál estrella le manda visitarlos y ofrecerles su amistad. Con habilidad portentosa habla de su influjo decisivo con la prensa y el abono, y recuerda los agasajos y las atenciones de que le han hecho objeto todos los artistas, desde Mario y la G- risi en sus lozanos días, hasta el de la fecha. A él, exclusivamente á él, debe Jínriqu. e su popularidad en Madrid. Cuando nombra á Enrique, se refiere á Tamberlik. Su porte, su distinción y la amenidad de su lenguaje seducen al artista, á quien acaban de emhohar los echadizos de que el protector se v a l e p a r a acrecentar su fama. Tamas hablan de don sin añadir: ¡Oh, gran persona! ¡Hombre de influencia suprema! ¡Omnipotencia indiscutible! A. ntes del debut ya le convida á comer la tiple, el tenor ó el barítono; pero nuestro hombre, (j ue sabe dónde le aprieta el zapato, no acepta, y dice fingiendo sentirlo rancho: ¡Qué contrariedad! Comeremos otro día, porque hoy precisamente cómo con Antonio Y subraya el nombre. ¿Quién es Antonio? pregunta el artista cortésmente. -Peña y Goñi, mi intimo amigo. Hemos de combinar la marcha de las críticas en esta temporada, sigue diciendo nuestro lieroe, porque, eso sí, Antoaio no hace más que lo que quiero. ¡Es tan bondadoso para mi! Eigúrese el lector la esperanza que despierta en el artista la noticia de que el protector es uña y carne del famoso crítico. ¡Qué feliz sería yo si D. Antonio quisiera honrar mi mesa! -Ko come fuera de casa, replica el protector. Anda t a n naal del estómago Pero yo le hablaré, y en cuanto sepa el interés que usted me inspira Y con efecto, no le habla, porque sabe que Antonio, con su fiera independencia, lo enviaría á escardar cebollinos.