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LOS ÉXITOS A imitación de las casas comerciales, que cierran su fin de año con un escrupuloso balance, yo, aunque con alguna tardanza, debo hacer lo mismo en esta sección con los últimos éxitos quo arroja el teatro, y son á saber: JEl bajo de arriha, zarzviola, letra de Sánchez Pastor, músjca de Chapí; JEl libre cambio, comedia en tres actos arreglada á la escena española por Emilio Mario (hijo) y Doña Itianita, original de Flores García y Abatí, de todos los que adjuntamos el retrato por el mismo orden enumerado. Emilio Mario (hijo) tiene lo que se llama en Medicina buen ojo clínico. En su tarea de arreglador, sabe escoger con señalado acierto todo aquéllo que tiene condiciones viables, lo que ha de encajar en nuestra escena, lo que al ser trasplantado puede tomar carta de naturaleza y españolizarse sin dejar huella de su visible extranjerismo. El libre pambio es una obra de gran fuerza cómica, de situaciones y efectos bien pensados. El público, como vulgarmente se dice, se entrega desdólos primeros momentos, y pasa una velada agradabilísima riendo con las peripecias que le acaecen á D. Pepito, el héroe de la jornada, sobre el que pesan y descargan todos los sucesos de la comedia. D. Pepito, que ha tenido admirable encarnación en Emilio Mario, os un vividor que merodea por los salones, un utiliié de la gente do buen tono, cabeza y corazón puestos á su servicio, que lo mismo -edacta el mcnii de una comida y lleva los niños al colegio, que hace el cuai- to para un tresillo. D. Pepito tiene resuelto el problema do la vida fácilmente. Con su corte de halagos, de servilismo, come y vive en los salones más aristocráticos, y lleva cuidadosamente anotadas en su cartera las casas y los días en quo se saca ánima, es decir, qxxe se come, con una especie de mónita secreta en la que escrupulosamente registra todos los actos de la vida íntima, líos, aventuras amorosas, etc. de todo el mundo, deliciosa guia de la murmuración, y donde tienen su centro todas las chismografías de salón. La cartera, precioso arsenal donde se comprometen las reputaciones de nnicha gente, se extravía, y comienza con la busca y captura de lo perdido una peregi- inaeión para D. Pepito dificilísima, lo que da margen á incidentes y á efectos cómicos muy bien trazados. El reparto de la obra ha sido muy feliz, y todos, absolutamente todos los papeles han encajado tan bien dentro do las condiciones artísticas de aquellos distinguidos actores, que en esta ocasión no puedo hacer excepción alguna, y cúmpleme felicitar á todos por su acertndisima interpretación. Del teatro de la Comedia pasemos al de Eara, dondo Plores Gar. -ía y Abatí tuvieron el gusto de presentarnos á Doña Juanita, excclonlo señora que desde los primeros momentos se hizo simpática al rospelal) le público, cayéndole en gracia. ¡Bien es verdad que Doña Juanita tiene ángel! Soltura y gracejo en el diálogo, ocurrente siempre, defienden un asunto que no tiene gran novedad; pero ya hemos convenido, y así ei 5 en efecto, que en el teatro no hay nada nuevo, y tenemos para confirmarlo, y para cuando nos sentimos eruditos, aquéllo de nihil novmn s nb solé, con lo que parece que se queda uno más descansado. La comedia de Plores y Abati descansa en la equivocación que sufre un tío al suponer á su sobrino casado, condición indispensable para aspirar á la soñada herencia, y á quien engañan todos miserablemente. Los ¿ío. s en el teatro son, por regla general, unos desgraciados; Fofn rnfinn Com c- Üy