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Generales de Cuba Al frente de los nutridos batallones recientemente enviados por la patria para proseguir la guerra, han venido los generales D. Luis María Pando, jefe del primer cuerpo de ejército que opera en Las Villas, y D. Sabas Marín, que inmediatamente se puso al frente del segundo cuerpo, cuyo centro de operaciones está en Santiago de Cuba (Departamento Oriental) Con ambos tenientes generales vino el veterano general de división I) Pedro Pin, que así como los ante iores, ha ganado casi todos sus ascensos en Cuba. En efecto, el general Pando pasó á Cuba en 1870 siendo cajíitán de ingenieros, hallándose en veinticuatro í acciones y más de cuarenta encuentros en dicha campaña. Tuvo, entre otro. mandos, el de una guerrilla; en la acción ds la Estacada tomó por sus p r o p i a s manos una bandera al enemigo, y estuvo en las accioDON LUIS M. DE PANDO nes de NaranFotog. J. Sellier jo y Mojacasabe, donde se distingauó mucho. Regresó á la Península por enfermo en Agosto del 7 á, y volvió el 77, ascendiendo por méritos de guerra á mariscal de campo. Estuvo en Cuba hasta mucho después de la paz del Zanjón, y ha representado en las Cortes varios distritos de la gran Antilla. El general D. Sabas Marín opero en Cuba con gran actividad y energía, hallándose en infinidad de encuentros de la primera guerra. Fué gobernador general de la isla en 1885, y conoce m u y bien el terreno donde va á operar y la táctica enemiga. E l general D. Pedro Pin y Fernández se ha encargado del mando de la teroera división del primer cuerpo de ejército de Operaciones. DON S A B A S M A I H N El general Pin Fotog. M. Hiwria fué por primera vez á Cuba, siendo sargento, en 1858, y volvió el 65 á la Península con el empleo de teniente. Pasó á la isla de nuevo, siendo capitán de cazadores de Aragón, en 1869, ganó el grado de comandante en la acción de Alta G- racia, y fué herido dos veces, ganando por acción de guerra todos sus empleos hasta brigadier. Tomó parte también en la guerra chiquita, regresando á España en 1881. Mucho puede esperarla patria de estos tres generales, y el mejor elogio de ellos es el efecto que sus nombres y su llegada ha causado entre los secuaces de Gómez y de Maceo, lo mismo los alzados en armas que los hipócritas que m i e n t e n en las poblaciones u n amor á la patria que nunca sintieron. Los generales recientemente enviados por el G- obiemo conocen el pais, la táctica de los rebeldes, sus añagazas y espionajes, y es seguro que no han de tratar como si fuera u n ejército civilizado á las salvajes hordas que sólo llevan en pos de si la destrucción, el incendio, el asesinato y el pillaje. Definitivamente abandonados los temperamentos de atracción y benevolencia, únicamente la fuerza y el rigor saludables podrán acabar con esta insurrección, mucho más descarada y audaz é in ¡mensamente más extendida que la pasada insurrección de los diez DON P E D R O P I N años. Fotog. J. Sellier