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gentes pacíficas hacia las grandes ciudades es desconsoladora y tristísima, y hace recordar aq uellas páginas admirables de La Débáde en que pinta Zola á los pobres campesinos franceses huyendo delante del ejército prusiano. Y el espectáculo es tanto más terrible, cuanto que las familias fugitivas tienen que arrostrar el peligro de que los insurrectos les salgan al camino, desbalijándolas y aun quitándoles la vida con la hacienda. Por de pronto, las líneas df f- -escasas veces por estos desgraciados hijos de Cuba, pues los continuos y salvajes atentados de la insurrección en las vías férreas alejan de éstas al viajero, y puede decirse que únicamente trenes de tropas circulan sobre los rieles. La dinamita, que en mal hora trajo Eoloff, se emplea por los alzados (asi llaman aquí á los insurrectos) para volar alcantarillas, estaciones y toda clase de obras de fábrica de las vías férreas. Por la prensa diaria tendrá el lector frecuente noticia do estos atentados de los rebeldes, así como de la prontitud con que la autoridad procede á la recomEEPAKAXDO DESTKOZOS EN LA VIA TÉREEA posición de los desperFotog Gómez Carrera fectos causados. Numerosas brigadas de obreros, protegidos por las tropas leales, cuidan de que la interrupción de comunicaciones dure lo menos posible, y la mayor parte de estos penosos trabajos se hacen bajo el fuego enemigo, muriendo á veces algunos de los operarios, victimas del cumplimiento del deber. La bella fotografía que con estas lineas remito representa una de estas recomposiciones en la línea férrea que pone en comunicación el puerto de la Isabela con el de Cienfuegos, pasando por Sagua, Santo Domingo, Las Cruces y Palmira. Es una de las lineas más importantes de la provincia de Santa Clara. Cierro por hoy mi información con una nota muy frecuente en las comarcas dominadas por la insurrección. Una pareja de la G- uardia civil conduce á Santiago de Cuba prisioneros hechos por una de las columnas que operan en el Departamento Oriental, El grupo está atravesando el río Cauto en una de las balsas de sirga tan comunes en este país. Ocioso es encarecer los servicios penosos é importantísimos que la Guardia civil de Cuba presta con motivo de la campaña. El prestigio del benemérito instituto, así como su exacto conocimiento del país y de sus pobladores, se emplean de continuo para las misiones más delicadas; con frecuencia entran en fuego, defendiendo sus casa- cuarteles ó los pequeños poblados, de los cuales son ú n i c a guarnición; ellos conducen á los prisioneros de nuestras columnas á presencia del gobernador militar correspondiente, y á los puestos de la Guardia civil acuden asimismo los presentados, que tanto abundan en la campaña presente. ¡Los presentados! Da pena considerar la negra ingratitud con que han recibido el indulto casi todos los rebeldes acogidos á la generosidad del ejército. Dejaban sus armas á la Guardia civil, tomaba ésta sus nombres, y sin más vejámenes ni venganzas eran dejados en libertad bajo palabra de honor, pocas veces cumplida. tg- U -1 Bu efecto, la mayor parte de los rebeldes aprovechaban su presentación paCONDUCCIÓN DE PSISIONEBOS Fotog. 6- bmez Carrera ra reponerse de las fatigas de la campaña, cambiar sus ropas, proveerse de víveres y municiones y volverse otra vez aLcampo, llevando al cabecilla útiles noticias del estado y situación de nuestras tropas. La autoridad militar se ha percatado de tales estratagemas, y hoy los presentados y prisioneros son tratados con más rigor, si no con la severidad que merecen.