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¡iDste Mairet ha llegado al sumum de lo instantáneo! A cualquier hora del día ó de la noche, en sú casa, á domicilio, en la calle; con sol, sin sol, con la luz del gas, con la eléctrica, sorprende u n interior y da la idea exacta de la vida íntima, sin preparación y sin obligar á nadie á colocarse de este ó el otro modo. -iQue nadie se mueva! Y en u n segundo ¡puní! u n petardo de luz fantástica, y Mairet que grita: -Dentro de u n a hora traeré el cliclié. Y á la una y media de la noche trajo una excelente prueba. ¿Por qué no la enviamos á BLÍNOO Y NEGEO? le dije. -Por mi parte no hay inconveniente; pero tendrá usted que explicar quién es cada uno de los personajes- ¡Pues por eso quiero enviarla! Al público español le gustará conocer p? rson. alm, mte, á estos periodistas parisienses. Y allá va la fotografía, y allá van las presentaciones. El primero, á la izquierda, que está escribiendo en la mesa, es (xuy Tomel, el gran observador, periodista de las curiosidades y de las cosas raras; el que ha estudiado todos los rincones de París y ha contado al público en cien periódicos la vida y milagros de mil grupos de ciudadanos distintos El que le sigue y mira á la mesa es Pornando G- aneseo, nuestro corresponsal en el Japón, que acaba de llegar, después de haber hecho toda la campaña en el cuartel general de los vencedores, y que saldrá la semana que viene para Turquía. La actividad personificada, el movimiento continuo. Enfrente de él, en el otro lado de la mesa u n humilde servidor de ustedes. A mi lado, escribiendo sus cuartillas con su acostumbrada asiduidad y su cigarrillo en la boca, el popularísimo Chineholle, la nota indispensable del periódico, el hijo mayor de la casa; Chineholle, en fin, el Fígaro hecho hombre. Volvamos á empezar por la izquierda, ya que hemos concluido con los que la maquina sorprendió trabajando. El j) rimero, sentado en el sillón, os F. rrar el lodactor de la vida elegante, el monista de los salones. Le sigue Ejnilio Berr, secretario del 8: iplRme, nlo del sábado, escritor finísimo narido á la vida de la prensa en aquel Fígaro de la Torre EifCel que hacíamos juntos, en cuyas mcermímicu cogí j o, nusero de mí, la medio par- álisis de m i pierna dereS cha; este Berr es uno de los que mejor han salido on la prueba, en su actitud de siempre: la mano en el chaleco, el cigarrito en los labios. Después de él viene G- iraudaud, el secretario genei al quoí uó do Le. Malin, actualmente redactor de la casa. Sigue á (jiraudaud, delante, leyendo u n peri dico, Cardanne, redactor jefe de los 7, 0.1 del Fíijarn y articulista coiiesano cuando hace falta. Y j u n f o á é l casi j u n t a s las cabezas, M. Fi iedlander, empresarin- dii ector de la o finanfíi, hre, del Fígaro, por la cnal paga al periódico por cxjilotarla él sólo 2 0.000 francos a l a n o Delante de este señor, y mirando lo que yo escribo, mi fiel y onlrafiable amigo Teorges (irisson, que firma en el periódico con el seudónimo de Jrande. Paríjs hace tantos años. Y detrás de él, en el fondo, sin dejar ver más que los ojos y el sombrero, Jacques Saint- Córe, que llegó en el momento en que Mairet encendía su luz misteriosa, y no tuvo tiempo de nada Siguen, con los ojos cerrados sin duda por haberles influido la luz, Mauriee Tailmeyr, el gran escritor independiente, gloria de la prensa francesa, y Andrés Maurel, dedicado casi exclusivamente á cosas musicales. Detrás de mí, mirando mi calva, Calmette, secretario general de la redacción, que es u n guapo muchacho, y yo no sé por qué aparece en la fotografía con aire feroz, cuando es el mejor camarada del mundo. Y mirándole, al lado suyo, el director M. de Eodays, sucesor de Magnard, u n verdadero padre nuestro. J u n t o á él, Mauriee Leudet; después Mazereau, ó lo que es lo mismo, Argun; y por fin, el elegante J héodore de Grave, qué es la corrección misma, y después del príncipe de Sagan el mundano más chic que tenemos en la prensa francesa. Dieciocho redactores nada más, y todavía faltan muchos de los que constituyen la redacción constante y fija. No estaban á las once y veintidós minutos del 11 de Noviembre por la noche, hora y fecha que marcan en la fotografía el reloj y el calendario, ni Fouquier, ni Perivier, ni Bruneau, ni Batrille, ni Iluret, ni Porain, ni Caran d Ache, ni Grandlieu. ni Kené Bazin, ni Heulaid, ni líenó IMartin, ni Saint Genert, ni Wistli, ni Paul Bosq, ni Saint Albín, ni Donis Guibert, ni Capris, n i Talbot, n i tantos otros, hasta cincuenta y tres que componen hoy este periódico, y cuyos sueldos y lineas representan al a ñ o según el último rapport de la Asamblea general, 20.000 duros. Mairet nos dio al día siguiente una prueba á cada uno; yo envié la mía á nuestro periódico de Madrid, y ya que ustedes les conocen, no tengo más que decir, ¡y he tenido muchísimo gusto eir conocer á ustedes! TÍÜSE 75IO BLASCO Fotografía de TI. Miiret.