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Á OCHO DÍAS VISTA I.o de Cuba. -Una caricatura de Padró. ¿La gallíra ciega? Un chino viejo y varios cunos Jóvenes. -Los bárbaros á. las puertas de Roma. -Sol y sombra. -Madruga y Trasnocha. -El paia del oro Mr. Krager (muy señor mió y dueño) -Kl Dr. Jameson y los boers- -Oros sun triunfos. -Imposible resurrección del rey Midas. La cuestión del Real. -Abonados con asistencia y sin ella. El Cauto y varios cautos. -7 a Maseoia y La orza del (Jesííwo, -Rodrigo y su Guadalete. -Zozaya salvador. L a triste situación de las cosas de Cuba, la mala manera con que por allá empieza el año, y la pasmosa facilidad con que los insurrectos atraviesan la isla de punta á punta, como si fueran montados, no en caballos del país, sino en algún hll) 6o rifo viofento g? ie corriera parejas con, el vienín, me recuerda una elocuente caricatura que el inolvidable Padró publicó en La Madeja Política al comenzar la segunda guerra civil. Uno de los primeros generales que fueron á Cataluña á sofocar el carlismo, era representado por el caricaturista o m los ojos vendados, caminando á tientas y difícilmente, mientras los facciosos pululaban á sus anchas por entre las piornas y bajo los brazos del general. No diré yo que estemos jugando en Cuba á la gallina ciega, porque si la ceguera es evidente, lo de gallina no cuadra en modo alguno con nuestro valiente y sufrido ejército; pero si parece demostrado que el famoso chino viejo de la insurrección nos engaña como á chinos jóvenes. Desde los últimos confines del Departamento Oriental a las lomas más lejanas de Vuelta Abajo, Máximo G- ómez y Maceo han llevado á cabo (á cabo es poco: han llevado á general) su devastador paseo, que no tendrá u n Xenofonte que lo eternice, pero si u n Tesifonte que lo refiera. La zafra n o se hizo; la tea insurreccional ¡no hay t u tea! quemó los cañaverales, sin que las cañas se volvieran lanzas, ni Maiisers mucho menos, y la propia capital de la isla se apercibe á la defensa porque ya los bárbaros están á las puertas de Eoma. De modo que Máximo G- ómez va á dar quince y r a y a al capitán del siglo, porque Napoleón en España no se atrevió á pasar de Chamartin, y el G- ómez no se contenta con menos que con hincharle á la Habana el mismo castillo del Morro. Las columnas se mueven, los soldados se aspean, los generales avanzan siii cesar, pero tenemos el sol á la espalda y, naturalmente, la negra sombra de la insurrección va siempre y fatalmente delante de nosotros. Todo es telegrafiar que la brigada A, la guerrilla B ó la columna C han llegado á Madruga. A Madruga; ¡loable diligencia! Pero es que los insurrectos fueron á Trasnocha. En resumen: la situación actual, tanto en Madrid como en la Habana, podemos resumirla de este modo: El diablo anda en Cabriñana, y Máximo Gómez en Guanabacoa. Ha habido palos en el país del oro. Con este motivo, la prensa nos ha ilustrado con recuerdos geográficos é históricos, y los concurrentes á las chirlatas han mostrado especial predilección por el palo de oros La pacifica y patriarcal república de Transvaal, que con tanto acierto dirige el Sr K r u g e r (y conste que ni el bombo n i el retrato le cuestan una miserable pepita de oro al presidente de la república aurífera) fué invadida de pronto por las codiciosas hordas del Dr. Jameson, quien no consiguió con el fusil los resultados que se propuso, y que desde luego hubiera obtenido con la lanceta. Sin necesidad de protectorados n i de ejércitos extranjeros, los boers so bastaron y sobraron para rechazar al audaz invasor, porque no en balde oros son triunfos y hoy