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CALENDARIO GREGORIANO El Calendario de Sosigeno y Julio César, al aportar al año civil el día oomplementario ó epn ¡one, inn, vino á corregir, como hemos dicho, la falta de los antiguos Calendarios griegos y romanos, según los cuales el año civil resultaba más corto que el año solar, pero cayó á su vez en el defecto contrario: el año de Julio César era más largo que el año astronómico, y aunque este exceso consistía únicamente en 11 minutos y 12 segundos al año, con el transcurso del tiempo vino á introducir una verdadera perturbación, que la Iglesia notó y se apresuró á corregir en el siglo X V I El motivo de esta Corrección, llamada Gregoriana, del nombre de su autor, fué el siguiente: El Concilio de Nioea celebrado en esta ciudad 325 años después de J C y que fué el primero que verificó la Iglesia, tuvo, entre otros objetos, el de evitar la discordancia en que las Iglesias se hallaban con respecto á la fecha en que debía conmemorarse la Pascua. Sostenían las Iglesias asiáticas que, á imitación de los judíos, debía celebrarse dicha fiesta en la l u r a inmediata posterior al 14 de Marzo, y las restantes pretendían que la fecha nías propicia para la celebración de la Pascua debía ser el domingo próximo venidero después r de dicha luna. El Concilio ordenó de acuerdo con este último parecer, y así vino observándose desde el susodicho siglo IV; mas como el Calendario Juliano iba poco á poco retrasándose al año solar, sucedió que en el siglo X V I y año de 1580 se notó que el error era dé bulto al ver que el equinoccio de Primavera no oaia en el 21 de Marzo como en el tiempo en que se celebró el Concilio de Nicea, sino en el 11 del mismo mes. A fin de salvar este error, Gregorio X I I I que á la sazón gobernaba la Iglesia, mandó que se descontasen diez días al mes de Octubre de 1582, y ordenó, para impedir en lo sucesivo estos errores del calendario, que cada cuatrocientos años no fueran bisiestos los últimos de los tres siglos primeros, como quería Julio César, y sólo lo fuese el último año del cuarto siglo, lo cual ha sucedido j a en 1700 y en 1800, y está prevenido por los cánones para 1900. Tal es, en pocas palabras resumido, el cambio ó corrección hecha por Gregorio X I I I en el antiguo Calendario Juliaiio. El famoso astrónomo italiano Luis Lilio fué el consejero del Pontífice para esta reforma. El Calendario Gregoriano ñié inmediatamente adoptado por todos los pueblos católicos, pero las naciones protestantes lo rechazaron durante largo tiempo, probablemente á causa de su orinigen pontifical. Los ingleses no se conformaron hasta 1762, época en la cual empezaron á adoptar la cronología gregoriana, contando como 14 KL PAPA GP. EG 01 H 0 XIII de Septiembre el día siguiente al 2 de dicho mes. En la actualidad sólo los rusos y los cristianos del rito griego persisten en servirse del Calendario de Julio César. Su calendario se retrasa al nuestro de siglo en siglo, porque siguen contando los años bisiestos marcados por César y suprimidos por Gregorio X Í I I Actualmente llevan u n retraso de 12 días respecto á nosotros; de suerte que cuando estamos en 1. de Enero, ellos se encuentran en 20 de Diciembre, y para toda relación con los pueblos del Calendario corregido, tienen que escribir á la vez las fechas de entrambos Calendarios: el Gregoriano, llamado también estilo nuevo, y el Juliano, ó entilo viejo. El examen detenido de u n Calendario Gregoriano, con todas sus indicaciones astronómicas y religiosas, haría este relato muy largo, y acaso no m u y útil para nuestros lectores, pues todos sabemos en qué consiste la epacta, el ciclo solar, el áureo número, la indicción romana, y otras señales y reglas que sirven principalmente, ya para fijar el día de la Pascua y con arreglo á ella todas las fiestas movibles, ya para calcular los bisiestos con arreglo á la fórmula sentada por Gregorio X I I I etc. etc. E n cuanto á la Bibliografía del Calendario Gregoriano, asi como el anterior cogió toda la época de los miniaturistas, y en las tablas y libros de horas de los siglos X I V y XV encontramos admirables ejemplares del Calendario Juliano, el actual ó Gregoriano vino en pleno Eenacimiento, cuando la imprenta, y el grabado después, se aplicaron á todas las empresas útiles, entre las cuales ha de contarse ciertamente la redacción del programa del año ó calendario religioso y civil. La idea de los almanaque -modernos, en los cuales la literatura y el dibujo son lo más, y lo de menos el calendario, es reciente. Los calendarios más famosos de los siglos X V I I y X V I I I adoptaban la forma que adjunta reproducimos, presentando á nuestros lectores dos bellísimas reducciones de calendarios- estampas franceses. Eran, como él nombre indica y como se ve en nuestros grabados, pliegos de cartulina donde los dibujantes más expertos, y á veces pintores ilustres, representaban los hechos más culminantes que habían ocurrido en el año anterior, colocando al pie, ó compuesto con el dibujo, el calendario para el año siguiente. El almanaque en España no tiene, por desgracia, t a n famoso abolengo artístico. Pero no deja de ser curiosa su historia como producto estancado pues efectivamente lo estuvo en nuestro país hasta el año 1855. El Almanaque oficial, único que se publicaba en España, estaba redactado por el Observatorio astronómico de San Fernando; publicábalo el Gobierno mediante subasta en forma; producía al Estado, por término medio, 180.000 reales, y había obligación de venderlo á dos cuartos en toda la Península é islas adyacentes. Constaba el almanaque de 16 páginas en 8. impresas á dos columnas sobre u n papel moreno y estoposo, que bien podía contundirse con el papel de estraza. Xo tenia cubierta. La