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En el despacho del señor quita la hoja del almanaque el la pegadiza de ganso; y esas plumas, blancas aq de cámara. Cna. mano asalariada qiie estruja la llas, rosadas éstas y negras muchas, se hoja y la arroja al costo de lo inútil. las vais arrancando dia por día al pájaro, Es u n día que se barre. infeliz prisionero en la cárcel Ael plastrón, En el gabinete de la señora quita la La estupidez humana inventó poner un hoja del almanaque el bebé de la casa, la chiste, ó una reflexión moral, ó una charaniña rubia Como el oro, ó bien el espigada, ó u n acertijo, ó una receta de cocina do mnchaehuelo. Una mano infantil que detrás de cada pluma que arrancáis al año, sostiene á la hoja como se ase á lo que detrás de cada día que echáis al cesto de puede volar: con curiosidad y con temor. los papeles viejos, detrás de las veinticuatro horas felices, ¡Aquéllo es u n día! desdichadas ó indiferentes que van ya para vosotros de vencida; pero si yo fuese constructor de calendarios ameCuando el señor mira el calendario del ricanos, no escribiría al dorso de cada hoja más que la exdespacho, es para recordar fechas de neclamación de Carlos Estuardo en el patíbulo cuando vio gocios. Cuando la señora mira el almaque alguien manoseaba el hierro que había de herirle: naque de su gabinete, es para recordar edades ó fiestas jCuidado con el hacha! ¡cuidado con el hacha! de sus hijos. Hace bien el ayuda de cámara en estrujar las hojas del Un almanaque asi, sujeto á u n plastrón en forma de pancalendario: no valen la pena. dereta, seria una felicísima representación de la vida hu ¡Los verdaderos días son los del almanaque mana: trescientos sesenta y cinco días de temblar al del gabinete de la señora! hacha invisible, per. cierta, de la muerte sobre una pan- V dereta muda. í Y ambos calendarios, el de los negocios y el de los amores, con su severo plastrón aquél y con Peip no temas oh sensible lectora! que tan fúne- O su risueño plastrón éste, están igualmente sujetos ó bre broma se me ocurriese de verdad, á ser yo faigualmente colgados de la pared. bricante de calendarios. Lejos do eso, pondría un Antiguamente se dijo que las paredes oían; desde la idilio detrás de cada hoja del hlorj: y sujetaría éste sobre invención de los calendarlos americanos puede decirse que un plastro) en forma de corazón. Todos mis almanaques las jiaredes liablan. parecerían años de Inna de miel: y cuando tú, á fuerza de La pared del despacho del señor con una voz grave y quitar hojas idílicas del calendario, dieras con el cartón del enojosa: la del gabinete de la señora con un acento musical plastrón, verías qué ancha herida quedaba en éste, allí y dulcísimo. donde había estado el hlm- k: ¡pobre corazón, herido y des ¡Oh, el calendario americano es un invento lleno de filopintado en todo el espacio de los idilios! sofía, pero yo lo odio con todo mi corazón! Decididamente, son preferibles los Todos sus años son tísicos: se muei en por la caída de las en forma de herradura que suelen tener los alhojas. vmanaques de pared para uso de los n. Terminado el año, se tira la herradura, y sigue siendo uno tan ser racional y consciente como el anterior.