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En la maniofua Más elocuente que mis palabras ha de ser la curiosa fotografía que remito, y en la cual media docena de bravos soldados españoles se disponen á rechazar el ataque del enemigo. Viendo aquí á los soldados de España con sus trajes de dril, su machete al cinto y su sombrero de V) a a echado á los ojos para resguardar éstos de los rayos del sol, (j uicn reconocerá en ellos á los mismos que allá en desfiles y grandes paradas lucen vivos colores en el uniforme y despiden destellos de armas, placas, galor e s y fornituras? Kesistencia adnjirablc la de estos valientes, que al mes de haber jasado Cuba ya parece que no han hecho sino andar toda la vida por estos lodaziilss, y que al segundo disl) aro de sii fusil ya son soldados aguerridos, piácticos, vfe SOLDADOS n x I: MIÍ V 7 l i n i VDOS DI J- tO! J. curtidos en la lucha, ¿ue con toda calina mueven la palanca del Maiiser y sacan de la cartuchera los cargadores c ni sus cinco proyectiles cilindricos, esbeltos, refulgentes, más propios en apariencia para adornos de sobremesa, (jne para atravesar, como lo hacen, el cuer ü del eueniigo, auníjue este se resguarde tras un árbol de la majagua. A! pie de! a Siguanea La cordillera Siguanea, que cruza la provincia de Santa Clara, es uno de los más terribles y formidables reductos de la insurrección. Es, como si dijéramos, la manigui de piedra tan difícil de explorar y conquistar co. mo la otra manigua llana donde crece la salvaje vegetación de Cuba. Los rebeldes que se ocultan en la Siguanea aprovechan la noche para salir de ella sin ser vistos, incendian u n poblado, asesinan u n centinela, cuelgan de un árbol á cualquier guajiro por sospechas de espionaje, y fiados en su impunidad vuelven á sus g u a r i d a s donde celebran su cobai ds acción, y ¡hasta oti a! Un suceso de esta clase ocurrió en la plaza militar -i de Cruces, cuya vista par íz cial acompaño, en la seguridad de que el dibujo ha de ser bien acogido por estar hecho del natural por uno de los valientes soldados que salieron este verano de Madrid, el sargento del batallón expedicionario de Canarias I) I rancisco Martín Eivera, tan bravo militar como experto dibujante, pues ha sido discípulo de aquella Escuela Xacional de Bellas Artes. La plaza militar de Cruces está guarnecida por u n escuadrón del regimiento caballería de Treviño; la calle representada en el C A L L E F O i r r i X DK L A P L A Z A H I L I T A R D E C H U C E S P E O V I X O I i D E S A N T A C L A R A grabado es la principal, y Dibujo del ¡uitai fi P r D. Fr. xiicio) Martin Rivera, ííartje- iUo cltí ba ull m ex; e (ücionari He Canaria de entrada en la plaza; á la derecha está el fortín avanzado. Cerca de éste, y en la noche del 22 de Septiembre, un centinela del citado escuadrón fué villanamente asesinado, sin que el reoonoeimier. o hecho por los alrededores inmediatamente fuera eficaz para la captura del malhechor. Este, sin duda, una vez disparado su rifle sobre el centinela, corrió á ocultarse en la Siguanea, cuyas lomas y picos se distinguen en el fondo del dibujo. J U A N DK L A S H E B A S