Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
via; ota o, qne le crezcan las patillas: alguno, que le permita realizar lina irregularidad impunemente: varios, que les ponga donde lo haya. Afortunadamente, como dice el refrán, rebuznos de borricos no llegan al cielo Salió la lotería como dice la gente, y Curro Miguez y Juan iS úñez fueron agraciados etuí el premio mayor. Es decir, la compañía industrial ó especuladin a tramada para el fin mencionado. Un tendero de coloniales y ultramarinos, según anunciaba en la muestra de su establecimiento, fué el comprador del medio billete y socio fundador de la empresa jugadora. Un señor, vecino. del tendero en un piso cuarto, retirado según él y según se adivinaba al verle, pero sin saber de qué se habla ó le habían retirado. Dos viudas pensionistas ó pensionadas por el Estado. Varias cocineras y doncellas colindantes, mr maestro barbero con vistas á u n portal, el sereno de la calle, dos municipales y otros personajes de la vecindad, entre los cuales estaban Curro y J u a n El capitalista fundador se había reservado tres décimos y repartido los otros dos entre sinnúmero de accionistas, desde la categoría de veinticinco céntimos á la de cinco pesetas como máximum. Los dos compadres no sabían qué hacerse con el dinero de la lotería. Les habían propuesto varios negocios, incluso la fundación de u n café de cante, ó de canto. -Xi de canto ni de prefiJ, replicó 1) Curro IVIíguez, como él se hacia nombrar desde que se mercó levita y sombrero de copa de los más altos. Yo lo sé ya todo en ese ramo, y sé que se me ha muerto mi pobrecita madre, y he entrado en el cementerio y he sentido cantar á la tórtola risueña y al canario más sonoro, y lo sé y lo he visto todo. J u a n continuaba como sienijn e, modesto, pero también se dejaba llamar D. Juan. Algunos guasones añadían: Te n. ovlo, Tropezaron los compadres con Mr. (xordón y llegaron á tratarle cíin coníiaiiíía. El inglés les ro uso que colocaran en su casa de banca de Londres los fondos de la Icteiía. La prensa esparció la noticia por todo el jjaís con la fórmula acostumbrada: El premio mayor ha correspondido al número que se jugaba en La fortuna no lia sido ciega en esta ocasión, como la pinta la fábula: los 2. nU 0. l) pesetas se repartirán entre jornaleros y j ersonas pobres ¿Lo ve usted, compadre? j- a salimos en los papeles públicos, decia Curro Sliguez á J u a n IS üñez; ya somos alguien. A lo que J u a n replicó m u y triste: -Dios sabe si nos convendrá ó n o Y Curro pensaba con cierta fruición criminal: -Este hombre se va á morir de tonto. ¡Si cayera esa breva! Y después pregunte á su compadre: ¿Qué piensa usted liaeer con ese capital? -Allá veremos, respondió J u a n -Hay que verlo despacio, porque, como usted sabe, yo llevo una parte. -iS o me acuerdo de eso, replicó- Tuan. ¿Que no se acuerda usted de la escritura? ¡Ah! ya; pero eso será después que yo me muera, lo cual no pienso or ahora. Y usted, ¿qué giro va á dar á nuestro dinero? ¿Qué viene á ser eso de nuestro dinero? preguntó muy disgustado Curro Míguez. ¿Usted ya no recuerda que tenemos un contrato firmado? le preguntó J u a n Xúñez. -Yo lo que recuerdo es que soy el amo de lo mío. ¡Compadre, qué ingrata es la criatura! -Eso no lo dirá usted or mí, que nada le debo. Mr. fxordón era un inglés auténtico, alto, de buena lámina, colorao de pelo y de libras, no esterlinas, como se creyó al principio, sino carniceras. Habla id: á Sevilla en busca de un negf ció. con letras en cartera por valor de algunos miles do libras, según él y las personas que tuvieron el gusto de tratarle. Dejaba en Jjondón á un su hermano al frente de la casa de banca, fábricas y empresas marítimas que poseía y que de largo tiempo había fundado. Era u n hombre simpático. Digo, como que Curro y Juan y cuantos le conocieron decían: ¡Lástima es que se haya hecho inglés de nacimiento! Parece de acá enteramente. Era un negocio redondo, por la segundad y por el interés que les jjudiera producir. Y Curro y luán, aun cuando venciendo los constantes escrúpulos del segundo, se dcsj) idieron de sus miles de pesetas, que entregaron al inglés. ¡l obrecillos! decía la gente hablando de los dos compadres. ¿Pero el inglés aquél? -Ya estará en Ceuta: era u n inglés de melodrama. ¿Y Curro y J u a n N úñez? -Pues enterraos los probeticos á causa del disgusto. ¡Válganos Dios! exclamó una viejecita; como Lax Amantes del Te 7 uel, mal comparaos. D E PALACIO nK M K n A n i I H