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EL GORDO COMPANY ¡Compadre; qué cosa es esa de la lotería! ¡Mire usted qvie al que le caiga el gordo para él solo estará el h o m t r e á pique de volverse loco! -Hejnetido dos pesetas de una vez. ¿Y usted, com adre? ¿Yo? Otras dos pesetas. -3I e presumo que no liabráu de ser las mism. as. ¿Quiere usted que hagamos u n trato? -L sted dirá. -Los dos somos solos en el mundo. -Verdad. -1 0 tenemos hijos ni herederos- -Verdad. -Vamos á hacer testamento, y usted me deja á mi toda su fortuna en caso de q u e se muera usted por gusto antes de gastarla. ¡NTo lo permita Dios! -Asi sea. Y yo le dejo á usted mi dinero- ¿Si se muere usted Kiiavlesf- -Dios no lo quiera. -Así sea, compadre. ¿Eh? -Que no hay inconveniente. Y Curro Miguez y Tuan Xúñez hicieron testamento formal, dejando cada cual por heredero á su compadre. Desde aquel día hasta el del sorteo de la lotería, Curro y Tuan visitaban los tempilos para pedirle cada uno á Dios primeramente que les cayera el gordo y después que se acordara de su compadre. m -Según y conforme, compadre: que nadie sabe lo que le conviene. -Asi sera; pero, vamos, que acostarse un hombre bueno y sano y sin irna peseta, y levantarse con el gordo y podrido de oro- -y viceversa. -Diga usted que quiera Dios que nos veamos asi, cuanto antes mejor. -A veces, compadre, conviene ser pobre. ¡No lo permita Dios! -Pues ya ve usted como lo permite. E n ocasiones vale mucho el dinero, y en otras- -Yale más oktvia. -No quiera Dios dárnosle, si ha de ser para mal. -Parece usted un mágico de esos que siempre están anunciando temporales y huracanes y naufragios en la mar. y otras cosas malas. ¿Y qué Íbamos á hacer con tantos millones de ierros chicos? -Y; Qné? Asi, de pronto, no se me ocurre más que comprar una bodega, pongo por caso, ó dos bodegas- -O todas las bodegas de Jerez. ¿Y luego? ¿Luego? pues bebérmelas primero, y después- ¿Qué después? ¡Si antes de que consu- miera usted el acto revcr. taria como una lata de petróleo rellena de dinamita y fósforos! ¿Pues usted qué haria con ese dinero, compadre? -Casarme. ¡A los sesenta años! ¿Cómo habia de casarme antes, si no he cobrado aún el premio gordo? ¡Cuidado que es usted filósofo! -Hombre, filósofo mayormente, no; pero persona de bien, si lo soy. ¿Cuánto lleva usted j ugado á la loten a? ¡Señor, le pedían con fervor, que en caso de faltar uno sea él! Porque á Dios misericordioso pide uno que le proporcione dinero íún interés; otro, que le quiera la no-