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r -ff S 3 filtra por elevadas ventanas, iluminando las preciosas alegorías del Baile que fijó en el techo el hábil pincel de Juderías: si os do noche, la luz eléctrica, profusamente distribuida, so refleja on las lunas de Venooia que cubren de alto abnjo las paredes, separadas tan sólo por columnas de pórfido y de jaspes. En el fondo, una estatua do colosal tamaño sostiene la péndola de un reloj que parece señalar las horas de la dicha cuando en aquella casa se celebra alguna espléndida fiesta. Se atraviesan galerías que parecen salones, y salones con honores de Museos, y so P. CALGr. A PIUXCirAL llega al despacho del marqués, donde entre Murillos y Tiüianos y Vau- Dick se alza el retrato del señor bajo pabellón de rojo brocatel. Sobre la mesa del centro hay curiosos recuerdos de nuestras contiendas civiles, entre los que llama la atención encerrado en una pequeña vitrina, semejando una corona de laurel de oro, el fajín que 1) Carlos llevaba en So-