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Tampoco sería inoportuno plantar un chopo. Aunque el ministro de la Gruerra es fácil que nos hiciera cargar con él. ¿Quién dice que IVIadrid no adelanta? ¡Vaya si adelantal Cada vez está más cerca de Pozuelo. Las nicjoras en la urbanización y en l o servicios municipales son evidentes; poco á poco vamos retirando por antigüedad el adoquinado de las calles, y ya están casi todos los adoquines bajo techado; la electricidad, ese fluido imponderable y nunca bien ponderado, halaga nuestra vista por medio de las luces de ineaudescencia, nuestro oído por el teléfono, nuestro tacto por la electroterapia. na nueva aplicación de la electricidad nos amenaza á los transeúntes. Trátase de mover los tranvías, no por la fuerza animal, sino por arte de Edisson- birloque. ¡Pobres de nosocruzar la catres He de Alcalá! ¿Quién contiene á la electricidad desbocada? ¿uién pasa junto á las pilas de encuarte en día de tormenta? La huelga de cocheros de tranvía es inminente, como se ve. Porque hablando de la tracción eléctrica, es lo que decían dos de ellos: ¿Sabes lo que ocurre? -Xo; ¿qvié pasa? -Que tratan de liacernos trnicinn eléctrica. ¡Motines en Diciembre! ¿Qué anacronismo es éste? dije leyendo los últimos telegramas de Tarazona. ¿Serán motines de cuelga, como los melones que todavía comemos á estas fechas? Porque si la atmósfera caliginosa y el bochorno reinante en verano son muy á propósito para esta clase de algarada? la perspectiva del turrón, la muerto del pavo, el aguinaldo dulcísimo y demás optimismos que trae consigo Diciembre, deben llevar la paz, y no la discordia ni la guerra, á los espíritus. Mas elle es u n hecho: el pueblo de Parazona so ha amotinado, según acabo de leer. Pero cuando los fósforos no se han prendido, y allí hay muchas fábricas de cerillas, no será mucho el fuego que arda por aquel bravo rincón de mi tierra. jBravo, eso si! Tarazona tiene un mote algo duro, pero muy enérgico y muy aragonés: larasona no recula. De modo que ya lo sabe el CTobierno: quien ha de dar el reculón es el principio de autoridad, como siempre ocurre. El movimiento parece tener marcado c. irácter socialista y de odio á los ricos. Oh imprevisores vecinos de Taraz -iia! Si gritáis contra los ricos, el destino puede castigaros. A. la hora en que escribo estas líneas, todavía no se sabe á quién ha tocado el gordo de Xavidad. En Nueva York hay un, Irancin Pero no; del tranvía hemos hablado ya, y no conviene repetir la suerte. Lo que hay en Xueva York es una de quiebras, bancarrotas y desastres bursátiles, que ha conmovido, no ya las Bolsas norteamericanas, sino la Bolsa de París, donde tales golpes dieron de rechazo. La prensa refiere estos naiifragios de miles de millones in conseguir interesarnos lo más mínimo. El negociante A. que se pega un tiro: el banquero B. que se ahorca de repente: el bolsista. C que se arroja al Sena ¿que vamos á hacerle? ¡Achaques de la Bolsa! Demasiado sabemos que en el clásico frontón de estos modernos templos del crédito campea para ojos no miopes esta leyenda: La Bolsa ó la vida. Hay quien no cree en semejantes suicidios. Y esto es lo peor que puede ocurrirle á u n bolsista. Que no le den crédito ni aun á su propia muerte. LUIS ROYO VILLANOVA D I B U J O S DE C I L L I A