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Á OCHO DÍAS VISTA Después de la crisis. -Mirando á la campaña. -Amenazas gubernamentales. La in o- raaolóa te egráfloa. -Explicaciones y cinfuslones. -La época de la inocencia. -La fiesta del árbol. ¿Qué va á ser: pino ó chopo? MidrUl progresi. -El flaído eléctrico. -Nuera traccita para los tranvías. -La elect- lcidad desbocada. -TJn motín (n Diciembre. Tarazona. -J e cómo es peligre so gritar cintra los ricos antes del 23 de Diciembre. -Nueva York y París. Desastres en la Bolsa. -Hasta dónde llega la falta de crédito. Después de la última crisis quedaron tranquilas las esferas gubernamentales; ya el asunto de la pública moralidad dejó de preocupar á los corregidores de Almagro, y la Casa de Canónigos quedó tan tranquila, que hasta los señores canónigos pudieron bajar á coro sin que les m o l e s t a s e n l o s reporters. La pública atención, la opinión seria del pa S, el interés euter de la patria volvió á sitios que nunca debiera abandonar: á la campaña de Cuba: mas ¡oír desdicha! entonces fué cuando el Grobierno tomó telegramas en el asunto, y restablecí; no sólo la previa censura, sino la amenaza más terrible á cuantos osen tratar de la campaña, del ejército y de los generales con otro criterio que el sustentado por el Gobierno de S. M. Con tales peligros encima, claro es que si antes la información de la prensa pecaba de obscura é ininteligible, ahora es enigmática y misteriosa en grado tal, que nunca podemos atar, no ya cabos, poro ni aun soldados rasos, en cuanto á la marcha y situación de nuestras columnas. Por fortuna, la prensa suele explicar los telegramas, y ¡oh! esas explicaciones nos sumergen más y más en el mar de dudas traído por los despachos. Lo cual quiere decir que daremos por bien empleada la previa censura de los despachos. Si va seguida de una previa sindéresis para la explicación. Atravesamos una época ile inocencia muy semejante á la que atravesaron nuestros primeros padres políticos los progresistas, ó aquellos otros que nos trajeron, las gallinas de la libsrtad: los adorables franceses del Directorio. Un dia nos reunimos en pacifica y solemne manifestación como si fuéramos á estrenar en la via pública la Constitución del año 12. Ahora tratamos de celebrar u n a iiesta simbólica: la fiesta del árbol á modo de aquellas fiestas á la Virtud, al Trabajo, al ñdeicomiso singular y al binomio de Newton, que se celebraban á dos por tres en el Campo de Marte de Paris hace un siglo justo. La fiesta del árbol es cosa de la Diputación provincial, y está dedicada á la repoblación de los montes. Tendrá lugar m u y pronto, y á ella conouriirán infinidad de niños, por todo lo cual supongo que el árbol que se trata de plantar no es otro sino él árbol de Xoel. Mas si no es cosa acordada, sería conveniente que la Diputación provincial plantase u n pino. De este modo, si en Cuba ó en el Ayuntamiento vienen mal dadas, podremos arrimarnos a u n pino verde por ver si nos consuela, como dice el cantar.