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LOS LAURELES DKL AÜTOU Á UN rCXCKI. Kyj i? A 3 I I G 0 SUYO, EM 1 8 9 2 Allí, en lo alto de los montes, he visto desde la carretera rni pueblo. -Gomo se llama Ignoro su nombre; pero la torre de la iglesia, asomándose curiosa entre los árboles que circundan mi anónimo pueblecill me ha preguntado: ¿Dónde caminas? y yo voy á responderle desde la misma sombi- a de sus muros: trV oy caminando or la vida como el sonido de tus campanas va por el viento, huyendo y apagándose. Buscan otros el bullicio y la alegría de las ciudades, consagradas o) la moda ara los oidus y los placeres estivales; yo ¿1, V f L E. 5 t; rT subo hacia el huniililc ymeblecillo cuyo nombre ignoro, y des de el cual n i n g u n a voz me solicita, n i n g u n a promesa me Í Í atrae, ninguna amistad me desea. -w Mis débiles pies tropiezan al ascender por un edi egoso sendero que será torrente en invierno, y l s es ¡iuos que le bordean y los castaños que le dan sombra ai- ec 3 que sonríen burlándose da mi tür e a, y á veces temo que me digan con tono de piedad ó de desprecio: Vuélvete á tus ciudades. Yo procuro ocultar mis trope; Ones, y cuando voy á caer me sonrio, y mirando alegremeiite á un) y otro lado, doy á entender que tropecé por juego, como el muchacho que le dice á su madre para que no le riña: Si me he caído queriendo! ¡Madre, madre Naturaleza, que hermosa estás ante mis ojos reclinada en tu majestTioso silencio, qué bocanadas de frescura salen de tus obscuros bosques, alientos que han dormido años tras años en las sombras rofundas donde el agua nativa de los manantiales alza medi- osa sus) rimeros rumoresl Otra vez diviso entre aquellos centenarios árboles la torre de la iglesia: me eontemi) la sorjirendida. Creyó sin duda que continuaría mi jornada por la carretera, y he aquí que hasta sus campanas se inclinan asombradas paj- a ei me. ¡Soy yo; soy yol ¿Vosotras desconocéis mi nombre? Yo tam. bién ignoro el del pueblecillo que despertáis todas las inañanas con vuestras canciones y adormecéis todas las tardes con vuestras plegarias. ¿Pi eguntáis qtié propósito guía mis pasos? Ninguno; mi viaje es u n viaje sin objeto; no qtiiero saber ni aun el nombre de esos hogares sobre cuyos tejados caen á la vez, cuando rompe el día, los rayos del sol y vuestros sonidos, y cuando el día muere, las primeras sombras y las notas solemnes del Ángelus. Soy u n viajero extraño á toda curiosidad y ajeno á toda ciencia; no busco la escondida riqueza arqueológica ni la