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De la estación ñióse directamente á la Academia, y cuando íaltabau escasos minutos para expirar el plazo concedido para presentar las solicitudes, Qnerol firmaba la suya pidiendo tomar parte en la oposición. A pesar de ser u n desconocido para todos y de habe: llegado sin una m i l a carta de reoomeirlación para nadie, Querol triunfó en toda la linea, y su San Juan yre. ü iíaudn en el Desierto le valii por unanimidad la plaza de pensionado de número en la Ata. lemia de España en Eoma. Desde a q u e l l a victoria Querol ha c a m i n a d o de triunfo en triunfo, y aunque algiino le ha costado serios digustos, al fin ha visto cor- onados por el éxito más completo todos sus esfuerzos. Desde Eoma envió su primer trabajo, TuHa pa- iaii. do jior encima del cadávrr de y t podre Servio, notable bajorelieve que llamó poderosansente la atención, y que liacia presentir lo que Querol llegaría á hacer en cuanto asara en E o m a unos cuantos años má, s dedicado eu ui ei 0 y alma al estudio. Kn la Exposición de 1887 presentó IM Tradición (reproducido en esta página) (j ue le A alió una medalla de riniera clase; nnls tarde, en la Exposición de Barcelona, expuso el grupo Sar iatio, notabilísimo por la violencia de los escorzos y por la j isteza del dibujo, que también alcanzó pai- a su autor o; ra primera medalla; y, p) or úlliuio, aquel mismo año en la Exposición Universal de Earis obtenía otro tiiunío con la cabeza de Tn. lia. Vacante la plaza de pensionado de mérito por haber cnm plido fSala el tiempo regiamentaiio, Querol solicitó y obtuvo esa laza, remitiendo á Madrid como trabajo de pensión San Fvan, t- íseo riíva ndo d los l prosos, njaguifico bajo- relieve eu máimol de algo más de cuati o metros, donde campean veintidós figuras perfectamente agrupadas. Palta el espacio, incluso ara oder enumerar los trabajos llevados á cabo por Querol en estos últimos cinco años, ues el catálogo es tan largo, que resulta asombioío (p: e el solo esfuevxc) de un hombre haya llegadíj á l A T Ü A D I C I) N pi oducir tanto y tan buoíio. J JÍ veítrida dr, ¡toj adunia diulio de desnudo; las estatua, 1 e elida. Mrvili z Xíiílm y ñledrano; el frontón para el Palacio de Mibliotecas y I use norme bajt) -relie e en niáuno lé Jai- rara de veintidós incti os de largo, juntamente con las tres estatuas sedentes que coronan el frontón; el iiouumeuto á los bomberos de la Habana muertos cu el incendio de tS 9 el de Pnhlo Diiarle. en la Eepública Dominicana; el de b rny lUirlnlonie dr, las Casas, en México; el de Leijaapi y ürd, anAta, en Filijdnas; el de FJdunyeií, eu Vigo, toiavia sin teririinar; y, poi- iiltimo, vanos bustos, enti e los que es preciso citar el de S. M. el Eey, el de S. M. la Eeina Eegente, el de la, sefiora de Cánovas y el del Hr. Xieto, son las obras que han levantado m u y alto el nombre de Querol (mtre los escultores contemporáneos, y m u y especialmente en España, donde tan escasos andamos de ellos. ¡Pocos artistas en el inuuilo habrán r dui- ido más autes de cuiiqilir los treinta y un añosl AucuisTo COMAS Y BLANCO