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SILUETAS ARTÍSTICAS AGUSTÍN QUEROL Sí Querol tuviera otro carácter, la lucha por la vida y por la gloria hubiera sido para él mucho más fácil. Querol ha luchado siempre: unas veces (y éstas han sido las menos) contra la materia, que se resiste a tomar la forma que el artista idea, y otras (y éstas han sido las más) contra la rutina, contra la envidia, contra la ignorancia, y sobre todo, contra aquéllos que por no separar al hombre del artista veían en las obras de éste los lunares de aquél. Querol tiene un temperamento demasiado indómito para amoldarse á esas ductilidades de carácter que son precisas en la vida, y esta condición le ha perjudicado, no poco mientras por ella ha estado dominado. La experiencia, que sólo se consigue con los años, ha ido suavizando poco á poco la indomable fiereza del gran escultor, y hoy sólo le queda, como débil reminiscencia de todo su pasado, u n a exquisita susceptibilidad. Quien ha sufrido tantos sinsabores por haber sido esclavo de la desgracia, y quien al salir siempre de cada batalla, si con una mano empuñaba el laurel de la vieloria, con la otra restañaba la sangre que salla de la herida abierta por la envidia, no es extraño que al fin se h a y a connaturalizado con la idea injusta de la eterna injusticia. Podrá haberse discutido demasiado su personalidad artística, podrá habérsele regateado con exceso sus portentosas condiciones de escultor, pero la verdad se abre camino tarde ó temprano, y hoj Querol es ejemplo vivo de que contra el verdadero mérito nada pueden todas las malas artes reunidas. Si ahora, que se ve agasajado por todos, resucita en su memoria el largo y penoso calvario recorrido desde que sonó su nombre por vez primera en Barcelona á poco de haber firmado el busto de Piferrer, hasta haber llegado á conquistar la envidiable reputación que tiene hoy en el mundo del arte, no es posible que dude ya de la justicia h u m a n a Querol podía no haber vencido con facilidad, pero ha vencido; y éste es, después de todo, su mejor título de gloria, porque sus obras han necesitado reunir una extraordinaria perfección para llegar á alcanzar lo que él, por las condiciones especiales de su carácter, no sabia conseguir por los caminos que algunos otros artistas frecuentan con exceso. La vida de Querol es u n a continua batalla que empieza en Tortosa, su ciudad natal, cuando contaba muy pocos años de edad, entregándose, á pesar de las reprimendas pa, ternas, á su ocupación favorita, que no era otra que pasarse el dia entero modelando muñecos. Como su padre era propietario de u n a tahona, dicho se está que tenía á mano la pasta de pan, y con este material tan poco á propósito hacía toda clase de monigotes, desde el gato de la panadería, que copiaba con rara perfección, hasta la caricatura del concejal (jue todo Tortosa conocía. La tahona del padre do Querol pronto adquirió gra: i celebridad por la forma de los panecillos que en ella se elaboraban, pues raro era el día que el muchacho, á pesar de las prohibiciones del padre, no hacía alguna diablura de las suyas, por lo que m u y á menudo se daba el caso de que euaado el dependiente salía á repartir el pan, dentro de la cesta llevaba toda una casa de ñeras ó el Ayuntamiento en masa. Los regaños del padre no hicieron desistir de su empeño á Querol, y un buen día abandonó la casa de sus padres, marchándose á pie á Barcelona, ingresando á poco en el taller de Vallmitjana. El carácter independiente de Querol no podía sujetarse fácilmente á la disciplina de una academia como la de Vallmitjana, y al poco tiempo de estar al lado del ilustre maestro catalán, abandonó su clase para irse á trabajar solo en u n estudio que alquiló on el fondo de u n patio. Allí, rodeado de toda clase de privaciones, trabajó sin descanso, luchando por resucitar en el barro el natural tal como éste es, con todas sus bellezas y también con todas sus imperfecciones, hasta que u n día vino á sus manos u n periódico en el que se daba cuenta de que la Academia de Bellas Artes de San Fernando anunciaba la oposición á una plaza de pensionado de escultura en la Academia de España en Eoma. I 4.