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A OCHO DÍAS VISTA La palabra crisis- -I) Anton o y D. Práxedes. Nfed as suelas á la situación. -E e- liíicio de los conserv ad rí s. -Los entrantes. -La carta de Boscli. -Las epístolas en la prensa. Miedo al plebiscito. -La actitud de Silvela. -Aproximación. -Los salientes. -Tuio de Pur ímio Lances de honor. -Los duelos sin pan son más. -Testamentr. s. 0 h! La crisis, los ministros que se van, los ministros que vienen, la expectación del último Consejo, la j u r a en Santa (jadea. ¡Oh! ¡Cuántas y cuan picantes emociones despierta la alabra crisis e n t o d) pedio espaüol! Triste es decir que D. Antonio no posee como D. Práxedes el arte especial de prolongar sus crisis, como hace D. Práxedes con las suyas. ¡Aquéllos sí que son interregnos é intermedios cómicos! Consulta por aqui, visita por allá, opiniones de los e. ministros, de los presidentes de las Cámaras, de los alcaldes de barrio sólo después de conocer la opinión de tcdos es cuando B Pi áxedes se decide á hacer lo que le da la ga: ia. pi. Antonio no tiene estas condescendencias con la opinión; planteada la crisis, la. i- esuelve á escape en juicio ejecutivo y por procedimiento de apremio; por una puerta salen Eomero y P osch y por otra entran I) Aureliano j el conde. Xada, un cambi) ds parejas; pnedfí el hniXe, coiitl iJinr, lia podido decir D. Antonio á los refinríer. i y á los amigos que esperaban su. cesos maravillosos y divertidas dificultades. Vio D. Antonio que sus botas nscesitaban medias suelas, y se las echó en un santiamén, resuelto á tirar inucho tiempo con el mismo calzado más ó menos guajiro. J- oro no es la crisis uu s u c ü o baladí para que se la deje pasar sin c) mentarios. -Esta ha sido el triunfo de la opinión. ¿De la opinión de Silvela? -N o, de la opinión pública, solemne y procesionalmente manifestada en aquídla tarde de eterna recordación. ¿iJe mcdo que la crisis no es cosa del otro jueves? -Ko señor, del otro lunes. La mutación en la escena de la política se llevó á cabo con toda precisión y -apidez. r esa 5 areció el telón donde el edificio conservador se veía ruinoso y deshecho, y apareció un edificio soberbio como su dueño y señor, con li- jaila nueva, con haldosera flamante, y con u n Linares Eivas remozado tanibié: i, y tan compuesto j emperejilado, que ya no lo conocería de seguro Posada Herrera si resucitase. Todo se vuelven informes y preguntas respecto á los consejeros entrantes- ¿Qrién es el de racia y Justicia? ¿Tejada? Un conservador de abolengo. -Y Innares Eivas, ¿también es de aholengo? -Xo señor, de Corulla. Bosch escribió su carta, la echó en el buzón, y desde aquel instante dejó de pertenecer al ministerio. ¡Qué magnífico epistolario podría formarse con todas las cartas que vienen escribiéndose y puhlicándose en la prensa desde hace un mes! Oonccijales, e. ministros, campeones de la opinión, todos los hombres cuj os apellidos por un motivo ú otro suenan estos dias, se creen en el deber de enviar sus comunicados á la prensa, como si el público no sn-