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Nuestro tiempo es así: todo curiosidad, todo impresiones; por oso el tclogriinuí del activísimo director de Bj. AXco Y Xi (u ¡o, Sr. Luca de Tena, pedía con urgencia á Clairot muclias ¡ntiiriidadcs del escritor que la Francia llora. Y on este número van todas. Dumas joven, Dumas en su biblioteca, su casa, el jardin, la alcoba, la vida corriente. El público recorrerá la existencia del autor famoso, y le verá como ora: existencia agitada, pero al íin jiroductiva. De aquellos primeros años asados al lado do un padre derrochador y generoso, en los que no tenía nada de utilitario que aprender, liasta los últimos del septuagenario rico á fuerza de trabajo y de orden, ¡qué diferencia y (pié novela tan real, ó qué realidad tan noVISTA EXTElllOK DE í QCIXTA DE MA 11I. L -I. E K 0 Y velesca! Comienza por lanzarse, oomo papá, á comer y beber y gastar y ti raí- so encuentra con sesenta mil francos do deudas y en la calle; reflexiona, y comprende que así no irá á parar más que al liospital. Ha heredado de su madre, que fué una obrera arregladita y modesta y económica, ciertos hábitos de vida ordenada que Dumas padre no hubiera seguramente fomentado, y, ya solo, vuelve á ser lo que debía ser: un trabajador infatigable que busca el favor del público, y lo obtiene, y paga sus deudas, y liaco una fortuna. Ataca el teatro: logra el éxito; se revela como g- ran pensador. A. fuerza de desdeña! á la mujer en sus obras y de juzgarla severamente, las mujeres acuden á él y constituyen su gran público. TJn amor desgraciado le hizo odiar á la más hermosa mitad del género humano. Engañado por una mujer, midiólas á todas por el mismo rasero. En sus obras da pruebas de conocerlas á fondo, pero no es generoso con ellas. Sus obras son verdaderos tratados de filosofía humana, y llenan el mundo. Con ellas y con las herencias de amigos y los negocios (porque era negociante en la vida privada, y compraba y vendía y tenía la pasión del dinero) llegó á poseer un magnífico hotel en la Avenue de Villiers, que luego vendió para irse á vivir á Marly, á esta casa que hoy BLANCO Y N E GRO reproduce, y que le legó al morir su colaborador Leuven. En ella ha vivido por espacio de cinco años, no yendo á París más que para asistir á los estrenos teatrales, al entierro de un amigo, ó algaua comida íntima, invitado por la princesa Matilde, á quien profesaba desinteresado afecto. En dicha quinta escribió sus seis últimas obras, y en ella ha entregado su alma al Señor este gran genio de la Francia moderna, con el que desaparece toda una generación gloriosa, precursora de otra que so hará notable por sus extravíos, según todas las muestras.