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0 í jxCivXDro DI fx roiír. ADo ron i.o s jysi: ií! i; cT S promueven horrible estruendo, semejante á re etidas descargas de fii. -jler y n í) rliici (l H) rel estallar (le los imdos de la caña y la dilatación del aire contenido en los canutos. CJna de las propiedades á que primei- o dieron fuego los insurrectos en esta ¡roviucia es el mag- uiñco ingenio llamado de Do. i Amiíjnf: pro iedad de T Pedro (íoicoechea, alcalde ninnicifial del poblado de la Esperanza. Tan magnífica finca i- ural estaba situada á dos kilómetros de dicho poblado, y fué incendiada recientemente por la partida de cebo. Con estas lineas remito á BL. VXCO Y A EGKO una vista de aquellos campos de caña tomada días antes de la destrucción, y una fotografía del edificio central del ingenio después de consumada la catástrofe, que destruj ó, no sólo los campos, sino el edificio contiguo, destinado á la fabricación del azúcar, y cuya valiosa maquinaria, hornos, almacenes y demás dependencias quedaron por com. pleto derruidas. Xo parece sino que la conducta humanitaria y correctísima de n u e s tras Jiropas excita doblemente el furor salvaje de los insurrectos. ío sólo las fincas rurales son objeto de su horrible saña: cuando la i m p u n i dad les favorece ara entrar en un poblado, prenden fuego también al caserío, y las débiles construcciones de madera y caña arden y se consumen en u n momento, sepultando á veces entre las llamas á infinidad de habitantes pacíficos é inofen. sivos. Un héroe de Peralejo En aquella memorable acción, la más importante sin duda de cuantas se han librado en la actual guerra, el calificativo de héroe no es una distinción, es u n apelativo general que merecen desde el general Martínez Campos, que personalmente dirigió el combate, hasta el último de los soldados que durante trece mortales horas sostuvieron u n fuego tan nutrido como ordenado, pues esta es la cualidad que más elogios mereció del general en jefe; los valientes soldados de Isabel la Católica, hincando en tierra la rodilla y asegurando el tiro por el punto de mira del fusil, disparaban con serenidad y precisión, obedeciendo á las órdenes i; i. coKON iu, n. lo- ii BAQrr. río de los jefes y no agotando en balde la cartuchería. Juifuij. i: ri: ia Sostenido dicho combate, como ya es sabido, el 13 de Julio último en la sabana de Peralejo, fué una completa victoria para nuestras armas, no ganada ciertfuneiite sino á costa de muy valiosa sangre. El general Santocildes cayó muerto en los primeros momentos de la lucha atravesado el pecho por dos balazos, y con él murieron su joven ayudante el teniente Sotomayor y el capitán D. Ensebio Tomás, del batallón de Isabel la Católica.