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A OCHO DÍAS VISTA Protesta semoviente. -Cánovas y Mazarino. Xo mentemos é. los cardenales. -La procaslón por fuera. -El sentido de la protesta. -El Mercurio ele los comerciante -Protestantes y cismáticos. Aprestos para el ¡unes. -Las estatuas del camino. -ün folleto neoyorklno. Maceo herm. nos. -República cliarolafia. -Bonito juego de ajedrez. -El pincel de España y a brocha de Maceo. En Dios y en mi ánima jni o que á la liora en que e. -itas lineas escribo todavía no se ha verificado la protesta semoviente del pueblo de Madrid contra los Poderos coustitiridos. Hay cree que será una manifestación colosal dig ua de uu pueblo varonil y enérgico. Hay espíritus escépticos ó demasiado radicales que creen que por ahi no se va á ninguna parte más que á eso: al Hipódromo. Unos se figuran á D. Antonio Cánovas, ner -ioso y contrariado, aporreando con furor los cristales, viendo á (íabriñana y rabiando de celos aparte. Otros se lo representan encogiéndose de hombros é imitando en hechos y alabras al gran Ma. zaiino (uii político á quien hicieron cardenal no sé si de un golpe ó do una manifestación) ¿Sois sordo, cardenal? le decían. ¿Cómo toleráis las canciones del pueblo? ¿No oís lo que el populacho de París canta contra el rey? ¿No oís lo que canta contra vos? (Claro es que entonces hablaban de vos, aunque no de Fustegueras. -I ejadlos, respondía Mazarino, ue canten y se diviertan: inientras ellos cantan, o hago lo que me jdace. Sabia y maquiavélica conducta que el cardenal Mazarino aprendió sin duda del cardenal Kichelieu, y I) Antonio Cánovas de entrambos y de todos los cardenales que eir el mundo político han sido, desde el cardenal 3I endoza al cardenal de Kohán, asando por el cardenal ducji ue de Lerma Pero tente, pluuia, que es de agüero fatal y de lorable sacar tantos cardenales á colación cuando la guardia civil empuña sus sables y los guardias del orden acarician el puiio de los suyos en revisión de lo que ocurrir pireda durante la manifestación de los gremios de comer, beber y arder en un candil. ¡Misterios de la alta piolitica! ¿Por (jné se empeñará el Oobierno en que la procesión marche poco menos (jrie por las afueras de Madrid, cuando tanto convendría que la jjrocesión anduviera por dentro precisanreute? Esto con respecto al (xobierno; y en lo que se refiere á los manifestantes, ¿qué sentido tendrá el acto del lunes? ¿sentido moral? ¿sentido común? ¿ó quizá sentido jurídico? Tal es el problema; porque hay quien ve en todo ello la mano de D. Pran isco Silvela, ese Mercurio de los comerciantes de Madrid, cuyo último discurso (el de Sil vela) ha resuelto, ó poco menos, la cuadratura del Circulo de la Unión Mercantil. Pero no: D. Francisco Silvela iro puede andar en el ajo de la pi otesta del lunes. Porque él no es protestante; es cismático. Ello es que á la hora en que estas lineas escribo, todo se vuelven a restos, planes y prei) arativos para el lunes. La manifestación se organizará á las doce: y saliendo á esta hora, ¿qué mejor punto de reunión que la estación del Mediodía? Ni u n minuto más, ni un manifestante menos. Todas las tiendas se cerrarán como un solo escai: arate, y sobre éstos bajarán las puertas de metal ondulado con horriso: iio estruendo ue ha de c uiniovs! hasM, los cimiíntos n; is profundos de la sitiuición. Se espera que el acto sea im oneute, y tan sug; -ísti -o y inaraN illoso, (ue todas las estatuas y gru os escultóriccfs del ca: Qiino se unií- án á los utanifestantes á poco que les digan los corifeos. Trente al Botánico ingresarán en filas Mnrilh) y Daoiz y Velarde; más adelante, Neptuno, las Cuatro Estaciones y la Cibeles. En la plaza de Colón, ¡alto el fuego! Parece ser que la manifestación del lunes y América han venido al mundo únicamente para que Colón las descubra.