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EL QUE ESTA EN EL SECUETO UN OFRECIMIENTO COMO OTRO CÜALQUIEIÍA reunión aristoorática; los dulces que ha oomido Í ÍÍO; dirigen los ojos aloielo y buscan en lo alto el auxilio de la todo, todo en delicioso cosmorama. gracia divina. En tanto, allá arriba se divisan en la lei ania, j envueltas La gente se calma, y todo va en silencio hasta el desgraen espesa atmósfera, multitud de cabezas que so apiñan, ciado instante en que al buen señ v, i S el crítico inoniento racimos de aftoionados que vjííío van or la música, á sentir de empezar la romaMza; -s. 6 l e re estornudar con la y á gozar de las eKqu, Í 2 Sitas sensaciones que produce el arte. fuerza de un bombardeo. i Allí va el est. iwdlantc que acompaña á la patrona y á su Vuelven las coha. -í y las indii (ictas de todos, gracias á hija, con: raquG está en relaciones; el profesor de música la promesa d e q u e no lo volverá á hacer más, le permiten qjKc Sistiugue si la orquesta está á semitono; los futuros al liombre que siga oj- endo la representación. artistas que cultiva el Conservatorio, y una porción de También forman jiarie del paraíso los alieionados viejos, señoritas que pueblan las reuniones cursis, y que cantan que, como es lógico, todo lo encuentran m a l lo sisean Jíll vi timo impirn, Nú me dií iK rmíi, y Ya té quien, (lirea! todo, y se ponen de mal humor cuando algunos ajílauden Estas van á desmenuzar y á triturar las facultades de las de buena fe. iloimcin, porque la que más y la que menos se siente tiple Esto ni es tenor ni nada. ¡Para tenor, Frasquini! dice con todas las de la ley. en voz alta u n enragé á su compañero. Qué Oiiillermo TeU! También va con frecuencia un matrimonio gor ¡qué facultades! ¡Si se le oía desde do que llega tarde, y llega jadeante, sudoroso el ministerio de la C. iobornación! como u n hipopótamo, por la jenosi siiua ascensión. ¡Toma! ¡Como que bajaba la bola Una vez, escalada la altura, la colocación es disiempre que daba un do de pecho! fícil; el paraíso está lleno, y no hay sitio para el El público del paraíso, mejor dimatriminio, que de pie en la escalera mira y recho, el del Keal, colócase siempre mira en derredor, abircando el horizonte con una bajo la advocación de S. I t. el iTiirada que inue e á lástima, y resoplando fuerte tenor. como un pei choróu después de una mudanza. Y así es, en efecto. La presencia del mitrimonio á jiie íirme r El público del Real va á oír Fatada por la gente levantisca del paraíso, r. nrila por 71 U! ze. rifí) e y ior el spiry empiezan las pullas de todos. lo ¡leii. tii; Lnjieiir riii por el raconto- -A ver, ique se sienten los Reyes Cadel acto cuarto; La Africaii i por el tólicos! dice uno. 1 pnradian! Mefi. it. nfele por el epi- ¡Un sacacorchos para ese caballero! I0 0, y así sucesivamente. dice otro. jiedestal está siempre dispuesto para la estatua; pero el público en esto va con pies de plomo, -Por oasua, lidad, f. son ustedes el Dicy hace bien. cionario de la Academia? añade un chusco señalando lo voluminoso de la Y aquí doy ninto y reposo á mi tarea con una matrimonial pareja, que contienen sus frasecita de romanza: iras haciéndose los distraídos, hasta que Qiieslo i Ji i í. o, u n acomodador, tras graves y profunLUIS G A B A L D O N das combinaciones, resuelve la cuestión de los quince, esto es, la de colocar á aquel matrimonio, que entra á tornillo de MecacMs. entre dos desgraciados espectadores, que- h! i Don. le está Vu, riier!