Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LAS SOCHES EL REAL Al llegar Octubre, Mauxid vuelve á recobrar su a, sj) eeto de cuartel de invierno. Las esquinas se cu bien de carteles anunciando his nuevas listas de compafr a; los comerciantes nos inundan de reclamos diciendo que han vuelto de Pai ís con todas las uoA edades de la estación: la j) alabra vuelve á euseñorearse de las Academias y Ateneos: el Real desperezase del sueño del verano y abre sus puertas, y sobre todo, y esto es lo triste, ¡están todos los ministros en Madrid! Comienza la vida del invierno: la reunión de amigos en el cafó, la cliisniografia del casino, los cutillones de salón y el visiteo de los auteiialcos, linda murmuración y discreta revista de todo cuanto ocurre. A la puerta del teatro de la Opera, y formando grupos, están los vtf ore. s- del oro con su eterno paJel. oi subido basta el cuello y las manos metidas eu los bolsillos, haciendo de aquel sitio Bolsa de la murmuración, donde se liabla de todo, desde los macarrones hasta las facultades de los artistas, que fisgan y examinan: si el tenor A... viene muy mal ó mejor que cuando se fué; si la tiple Z... estuvo bien en la proha; si el barjtoiro en fin, allí se sacan á plaza y se desnienuzan las historias de bastidores. Las señoras que forman parte de la masa coral salen del ensayo graves y circunspectas como un senador, y es que la mayoría son venerables matronas que han visto nacer á Beethoven y han tuteado á IMeyerbeer. Son una verdadera institución, y tan firmes eu el teatro com. o u n concejal eu el Ayuntamiento, ¡j ue no parece sino que están hechos á tuerca. Con la temporada comienza el via crucis del empresario, apurado ya de antemano por los dictámenes de la comisión. Empiezan los onjasmos de los cantantes, las incompatibilidades entre unos y otros, las In. cri. fiulUas, las peticiones de éste, las exigencias de aquél; ¡el delirio! Los peores en estos casos son los que se consideran amigos de la Em resa y se pasan la vida pidiendo vales. Unos, que son amigos de la tiple; otros, del tenor; éste, que tiene una novia bailarina; aquél, que viene á ver si el bajo se acrrerda de él la tem jorada que estuvo en Orense; el de más allá porque es GutiéiTez, y ¡mucho cuidadito con Gutiérrez, que tiene u n periodiqvrito! Ello es que todo pesa, que todo gravita sobre el pobre empresario, único aspecto que lo faltó á Job para hacer más simpático su martirio. Pero demos de mano á estas pequeneces, y hablemos del iReal, de sus cantantes, de la tempoi ada, de las bailarinas, del público, de todo cuanto le presta u n encanto y una fisonomía especial.