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A ú u llevo en el alma perdidos reflejos, erej úáeulos vagos di l sol de otro t i e m p o ¡También en las tardes de otoño retiene el espacio del sol los falgores postreros! Y a pronto se acerca el fatal m o m e n t o ¿Tranquila lo esperas? ¡Temblaii lo lo i pi Acéreat ven a mi! Ii- la pálida T I I I I- cuando y a estés cerca del r t p o s o eterno y tengas los ojos velado y quietos en un piintu pn la eífjia acia mirando espaijtada esas cosa. q. ud miran lus muoitus; reclina ¡tri ci- i. -a i u i. ¡No importa! Tus labios, si palidecieron, si y a están marchitos, a ú n puedo encenderlos, ¡Ya son lirios que a d o r n a n las ruinas ¡Tas ojos azules m e parecen dormidos luceros! Si es cierto que n a d a se pierde; si es cierto que el cuerpo en l a t i e r r a y el alma en el cielo, u n a flota en l a luz i n c r e a d a y el otro se esparce flotando en los pliegues del viento. DIBUJOS DX HUSRTA 8 cuando b r o t e el labio los quejidos lentos y l a s a n g r e apenas circale en t u cuerpo, y penetre l a luz en t u alma al par que los cirios alumbren t u pálido cuerpo, allí iré á buscarte con amores buenos, como t e esperaba vergonzoso y trémulo t a n t a s ñoras al pie de l a reja. ¡Iré por si aspiro t u ceniza mezclada e n el viento! MANUEL PASO