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7- VI Ya tienden las aves, medrosas, el vuelo; ya cbillan los buhos; ¡ya viene el invierno! Ya empiezan las noches lluviosas: ¡qué largas, qué frías las noches del mes de los muertos! Me abrasan tus manos; me hielan los besos que brotan tus labios violados y secos. ¡Qué pálida estás, vida mía! ¡qué aprisa respiras! ¡No tan cerca! ¡Me quema tu aliento! No llores! ¡no llores! ¡por Dios te lo ruego! Clava en mí tus ojos; que miren serenos. No me mires así de ese modo! ¡Te flota en la vista algo vago que luce siniestro! Ven á la ventana. Ya el aire sereno sacude la lluvia en las hojas; la palma vacila á los dulces embates del viento. ¡No llores, mi vida! ¡por Dios te lo ruego! Viviremos juntos bajo el mismo techo. Tengo sangre, y es tuyu; ¡no llores! ¡Qué aprisa respiras! ¡No tan cerca! ¡Me quema tu aliento! ¿Lo dudas? Kecuerda ¡maldito recuerdo! cuando te aguardaba vergonzoso y trémulo tantas horas al pie de la reja, inquieto, apoyado en las tapias musgosas del huerto; y cuando salías feliz á mi encuentro, alegre mezclabas sonrisas y besos; y al sonar la campana del alba, ¡qué triste veías la luz en los bordes del cielo! ¡Si hubiera podido sujetar el tiempo y parar los astros en el firmamento y quedar en eterno reposo, me hubiera quedado en un beso constante y eterno! ¡Ya todo ha pasado como pasa un sueño! ¡Ya chillan los buhos! ¡Ya viene el invierne! ¡Ya hay nieve en la cumbre del montt! La luna amarilla se refleja en los campos desiertos. Y A pronto anoeliece. ¡Qué triste está el cielo! El aire cimbrea los álamos secos. ¡Ya hay nieve en la cumbre del monte! La luna amarilla se refleja en los campos desiertos.