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camino; un camino de aldea triste y solitario, sombreado por grandes castaños que le comanicaban cierta sombría, majestad de avenida de rico priorato ó viejo Pazo solariego. Andando, andando, llegó el gitano á la aldea de Gandamil, y temeroso cual perro en corral ajeno, entró en el atrio de la iglesia, donde había un grupo de mujeres esperando la hora del rosario. So me dan una peha chica pa pan, una solga! murmuró el bohemio descubriéndose humildemente. Las mujerucas hiciéronse las sordas. Kl bohemio, dando vueltas alrededor del corro y alargando el fez, repetía: ¡Una solga, siñorinas! ¡una solga! Desesperado y mohíno acabó por cubrirse, y cambiando de tono y maneras se puso á gritar: ¡Vengan, siñores! ¡Vengan y verán bailar la danza moscovita! ¡Vengan y lo verán! Y mientras esto decía, el oso, al cual tenía del diestro y miraba hosco, daba vueltas torpe y pesadamente en torno suyo. Habíase reunido alguna gente, y el bohemio empezaba á cobrar esperanza y ánimo. ¡Acudan todos, y verán cómo más luogo de bailar se morre! Y asi fué; dejó de gritar el hombre, y el animal cayó pesa t. j damente en tierra. ¡Ahí le tienen muerto, mis siñores! ¡Oh povero de mí, que estoy perduto! ¡Qaé desgracia ésta, Isostio Siñor! Y se mesaba los cabellos para mejor simular la pena. Enderezóse, y agitando la pandereta en el aire púsose á gritar: ¡JSo me dan una caritarre pa le enterra? ¡Una peha chica! Y su desesperación y su angustia traslucíanse en el temblor nervioso que comunicaba á la pandereta. I) e pronto una piedra a r r o j a d a desde el camino vino á caer en ella, agujereando el parche. El bohemio se volvió furioso. ¡O íi picaros sin criansa! ¡Si vostros padres no 08 la mostran, yo 03 la aprenderé! ¡Cállate tú, grandísimo gitano, que se te está oyendo en la iglesia! gritó colérica una vieja que asomó en la puerta. ¡Gitano no, siñorina, gitano no! A este tiempo las cimpanas rompieron en alegre repique, y presurosos y en tropel entráronse por las puertas de la iglesia cuantos se hallaban en el atrio. Quedóse el bohemio jurando y maldiciendo de su cstráUa; colérico, tiró del ramal al 030 y clavó en sus lacios ijares el herrado bastón. El animal se volvió con los ojos encarnizados y la boca espunnante; sacudiendo la cabeza, tornó á morder el carcomido tronco de un ciprés. Otra vez, y con mayor crueldad, quiso castigarle su dueño, y entonces la fiera se incorporó rugiendo: con los hirsutos brazos extendidos avanzó hacia el hombre, que intentó resistirla, y enarbolü dos veces el palo, hasta que cayó luchando, profiriendo no sé qué palabras horribles Sintióse el crujir de huesos descoyuntados y rotos; gemidos roncos, jadeantes, faltos de aire, como los exhala el que se siente ahogado; desgarraduras de carne que escalofrían y crispan; y dominándolo todo, los salvajes rugidos que arrancab. in á la hambrienta fiera la vista del cadáver mutilado y palpitante de su dueño y el olor de la sangre, que humeaba R DK V A L L E- I N C L A N DiBo. ti s OK IIÜKRTA. 9