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beu encogiéndose de hom bros las preguntas del pü Uoo y de la próasa, sin quQ tiadie les saq ue de su muletilla, bien socorrida por cierto: -Permítame usted que calle; hoy por hoy, lo patriótico es el silencio. T, en efecto, si el silencio es oro, ¡no eon doblones los que están acuñando nuestros hombres públicos para atender á los gastos de la campaña! En todas paites cuecen judias y contrajudías. La oreja de Jorge es un cartílago nacional hecho á la medida del mapa, con objeto de que el gallego como el andaluz, el cortesano como el hombre de aldea, puedan tirar de ella cuanto les plazca. Mas en Santiago de Galicia el problema del jufgo ha tomado un carácter bastante grave, al decir de un diario, en el cual leo que los menores de edad rodean á todas horas el tapete verde, jugándose el dinero de -Pero hombre, le dicen al banquero los puntos mayoros do edad, ¿no le da á usted pena ver á estos muehachof? -Es verdad; no llegan, ¡pobreoitos! Mañana haré aferrar las patas de la mesa. Varios jugadores empedernidos han arreglado su martingala en vista de que se dan menores Y la autoridad local, viendo que el juego ha atacado á Ja infancia lo mismo que la difteria, se propone ensayarla seroterapia vacunando previamente al caballo de bastos. Supongo que cuando lleguen los exámenes de Enero se repetirá en los centros universitarios de Santiago el caso de aquel seminarista tan poco apegado á los libros de texto como encariñado eon el de las 40 hojas. Con aire encogido y modesto, como cumple á un buen estudiante de cánones, presentóse el tal ante los dores de Derecho Canónico, y se quedó mudo como una estatua. ¿Conoce usted el Grolmayo? ¿conoce usted el Morales? ¿conoce usted el P. Liboratore? ¡Qué había de conocer obras de texto el picaro estudiante! -Y esto, ¿lo conoce usted? dijo indignado el piesidente del tribunal alargando al muchacho el caballo d e espadas. Y el chico, sin abandonar su actitud encogida y medrosa, exclamó dando un beso en la caitulina: ¡Santiago bendito! Las grandes potencias de Europa tienen sus escuadras camino del Bosforo. Tiempo hacía que no veíamos una manifestación marítima semejante, por lo cual, recordando la última que ha tenido lugar en Europa, podrá pregontarme el lector curioso: ¿Se trata, por ventura, de a gún otro canal como el de Kiel? -Si, señor; se trata de abrir en canal al imperio turco. Los acontecimientos de Turquía han indignado lo mismo á la Triplo Alianza que á! a Duple, que á Inaflaterra (éítase entien o y baii sola) Las seis á coro dicen que Europa no puede to lerar los disturbios religiosos de Oriente; y tanto por el ear 4o tnr religioso del conflicto como por la capital del imperio on que tan deplorables escenas se desarrollan, deduzco que la cuestión oriental con vistas á las grandes potencias se reduce á 1 siguiente: que al arzobispo de Constantinopla lo quieren desarzobispoeonstantinopolizar. Los gobiernos europeos abultan todo lo posible el conflicto de Oriente para justificar la intervención fatura, y publican noticias tan estupendas y graves como estaque a l a letra copio: üDoseientos armenios están sitiados por tres mil kurdos. ¡Santo cielo! Si aquí un borracho cualquiera da tanto que hacer á la autoridad nocturna, ¿qué no harén tres mil kurdos reunidos y teniendo enfrente una autoridad eompletamenlo turca? Claro es que la intervención amoniacal de las grandes potenr. iss puBilo acabar con ésto y otros episodios de las luchas de Oriente. Poro ¡váyalo usted á los kurdos con la Tiiplo Alianza! ¡Si tuora con el triple Anís! Lüts ROYO VILLANOVA DlRLMCS DE CILLA. -isix