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LOS ÉXITOS JUAN J O S É D R A M A EN T R E S A C T O S Y EN P R O S A O R I G I N A L DE D. J O A Q U Í N D I C E N T A estrenado recientemente en el teatro ele la Comedia ACTO PRIMEEO, ESOi- NA EINAL JDAN JOSÉ (SI: ThuiUier) Esto es mío; me pertenece, y no lo buelto. Nunca es tarde si la dicha es buena, afirma un alagio sabio y previsor como todos los nnestros que sirvenos de escudo para cómodas disculpas, y á, fe que en esta ocasión encaja como anillo al dedo ó como discurso en boca de Pardo y Belmente. Porque la verdad es que llego con retraso digno de un tren mixto para hablar de Juan José, confirmado ya por el público y con los óleos de la critica; poro si llego tarde, en cambio la dicha no puede ser mejor. Y, á mi modo de ver, os prefi rible. Hablo con la digestión hecha de todo cuanto so ha dicho sobre la última obra del autor del Spoliaríum, colocado hoy por los vaivenes de la suerte en la pirámide de la actualidad, gozador de las dulzuras del dios Éxito, que le ha dispensado una cariñosa palmadita en el hombro en son de amistad, y acariciado, como diría un crítico menudo, por la trompeta de la Eama, cuyos ecos rasgan los aires pregonando el nombre de Dicenta. El éxito alcanzado por Juan José ha sido tan espontáneo como justo. Aquel público tan serio, tan estirado, del teatro de la Come dia, muy atento al frac y muy solicito para cuidar del brillo de su pechera, que suele leer las cotizaciones de la Bolsa en las escenas más culminantotcente arlísticas, ha tenido para la obra de Dicenta sinceros y legítimos aplausos, ha seguido con vivísima simpatía la figura de Juan José, y á través de las negruras y amarguras de la azarosa vida del expósito, saciada de is penalidades, agigantada por los quebrantos del presidio, que ábrenle paso á la duda y á la mortificante desesperación y aeieatan sn pensamiento para el mal, ha sentido, y ha sentido hondo.