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T ahora verán ustedes lo que ocurre en Oismonáa: Pues señor esta era una duq aesa que vivía en Atenas durante los mediados años del siglo XV; tenia un hijo, y la pretendían varios nobles, pero ella estaba resuelta á no dar su mano más que al que hiciese una hazaña digna de su nombre. Mas Qismonda no cuenta con la huéspeda, y la huéspeda es un sobrino que se siente traidor, y con la ayuda de un amigo suyo trama el proyecto de hacer desaparecer al niño, para asegurar de este modo el trono á su favor el día de mañana. No tarda en presentarse una ocasión favorable para los planes de los dos traidores. Al niño se le antoja ver un tigre que hay en el palacio; el cómplice del sobrino de la duquesa, que le acompaña, le deja caer intencionadamente al foso donde está la fiera. La madre, que llega en aquel momento, grita angustiadamente y jura ante la cruz dar el ducado de Atenas y su mano al que salve 6, su hijo. Los nobles h a c e n oído de mercaderes, y sólo un obscuro hombre del pueblo que está al servicio de la duquesa se arroja al foso y salva al niño, que devuelve á su madre, recordándola el juramento que acaba de hacer, porque resulta que el esforzado mancebo está perdidamente enamorado de la duquesa, que vuelve en sí y al recordar su juramento lucha y va- tardo, y ¡ya saben ustedes el triste porvenir que les aguarda en el teatro á todos los bastardos! Oismonda, para tranquilizar su conciencia, consulta á todos los obispos y alto clero para que la dispensen del juramento; pero ¡que si quieres! ni el Padre Santo, á quien hablan en última instancia, la dispensa de ACTO V, ESCENA I cumplirlo. Porque, es lo que la dice el obispo de Sophron, traducido ai francés de la calle de la Arganzuela: ¡Haberlo visto antes! A todo esto, el joven Almerío, que es como se llama el infortunado plebeyo, se pasa la vida haciendo proezas, ganando batallas y venciendo piratas catalanes. Los cortesanos, que siempre son muy envidiosos, para cortarle las ilas al pobre muchacho deciden condenarle á muerte; pero el pueblo protesta y ruge fuera del palacio, recordando ti Qismonda su juramento, é intenta asaltar su maison, mas Almerío les detiene y pide permiso para presentarse ante la duquesa.