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SILUETAS ARTÍSTICAS JOAQUÍN AGRASOT Alto, delgado, cetrino el color, las mejillas hundidas, los pómulos salientes, las cejas espesas y el bigote canoso y recio, Agrasot, más q ue un pintor distinguidísimo, parece un capitán retirado de la Guardia civil. Tiene el cuerpo de hombre fuerte y rudo, y el alma de niño candoroso ó inocente; y como jamás se incomoda por nada ni regaña con nadie, la nota personal de su carácter es la total ausencia da éste. Agrasot nació en Orihuela el año 38, y cuando contaba muy pocos de edad se trasladó á Valencia, siendo su primer maestro en el arte del diseño Martínez, el restaurador del Museo de San Carlos y padre del insigne artista Martínez Cu jitf bells, figura simpática y venerable á quien muchos de los pintores valencianos deben no poco de lo que saben. Apenas llegado á Valencia, Agrasot se matriculó en la Academia de donde han salido tantos pintores notabilísimos, cursando con notable aprovechamiento en aq uellas aulas todas las asignaturas, hasta que se marchó á Koma por vez primera el año 1861. Tres años permaneció en la Ciudad Eterna dedicado al estudio se- rio de los museos, v írecuentando todos los círculos artlstieos y conquistando la amistad de los más eminentes artistas, entre ellos el inmortal Fortuny, de quien siem preíuésu más intimo y cariñoso amigo, al mismo tiempo que trabajaba sin descanso para corresponder á los sacrificios de su familia y á las esperanzas de sus amigos. Producto de aquellos tres años de constante trabsjo fueron multitud de estudios, bocetos y cuadros, m- reeiendo entre éstos especial mención Las lavanderas, premiado con tercera medalla en la JEx l. -posición celebrada en Madrid el año di, y La escuela de aldea, admirado hoy en la Academia do Barcelona. Vuelto á España, en ella permaneció pfcaso tiempo. Alentado con aquella victoria obtenida la vez primera que acudía con sus obras á un concurso púbüeo, regresó á Eoma, permaneciendo dos años más dedicado al estudio serio y concienzudo, y sin preocuparse para nada de hacer el arte banal y de comercio, á que tan aficionados se muestran en Boma los pintores españoles. Agrasot no ha sido nunca de los que han pintado chulas y toreros á orillas del Tíber. Cuando regresó de su segunda expedición á Koma, trajo La lonj tana de Julio 11, lienzo adquirido por el duque de Eernán- Núñez, y uno de los que más fama conquistaron para su autor como hábil colorista y experto dibujante. El éxito de aquel cuadro empujó á Agrasot hacia la pintura de género, é instalado en su ciudad natal, dedicóse por completo á la interpretación de las costumbres valencianas, que antes que él había ya interpretado con rara fidelidad Eerriz, y que había de retratar do modo imponderable Joaquín Sorolía.