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T fcí X S Cuando llegó el sexto acto, había que ver filtrarse por la pared al galápagol ¡Qué bien resultó la escena del sofá. Dios soberano! Doña Inés del alma jnla (digo, del alma del gato) ¡cómo estaba con sus tocas y con sus hábitos blancos, dejando ver la pnntita de la cola por debajol Y él, en vez de arrodillarse diciéndola entusiasmado: ¿No ea verdad, ángel de? etcétera, se pnso, sin más preámbulos, á rascarle á Doña Inés el piojito. ÁJ observarlo el escultor, se echó encima de Don Juan, y á picotazos le arrancó catorce pelos de las orillas del rabo. Tras de sentar á su mesa al mochuelo y al canario, ¡con qué afán Don Juan Tenorio lamía todos los platos I ¡Cómo ladraba su padre desdo el forol Y ¡qué payaso estuvo el conejo de Indias cuando los golpes sonaron I E n tanto qne esto pasaba en medio del escenario, salió de entre bastidores nn quejido prolongado. Y ¿qué fué? Qne la Abadesa llevaba lo menos cuatro minutos con las dos patas encima de Don Gonzalo. Y en el cuadro del banquete quedó el drama terminado, pues antes de que empezase la escena del camposanto, tras el rumor de unas chanclas apareció, escoba en mano, la cocinera, que entiende poco de dramas fantásticos, y al notar aquella juerga, sin andarse con reparos, dispersó á la compañía de dos 6 tres escobazos (que es lo mismo que debieran hacer en ciertos teatros con los Tenorios de lance qne en Noviembre suelen darnos) JUAN PÉBBZ ZÚÑIGA Sabedores de qae siempre qne se aproximan los Santos Be representa el Tenorio en todos los escenarios de España, y hasta en algnnas partes qae no soa teatros, los bichos que tengo en casa (qne son de la piel del diablo) cuando el miércoles se vieron A solas, representaron ellos también las hazañas del burlador sevillano. I Qué fnnción más divertidal De Don J u a n hacía el gato; de Brígida, la paloma; de Diego Tenorio, el galgo; de Ciutti, el conejo de Indias; de Centellas, el canario; la codorniz, de Tornera; de Don Luis Mejia, el macho; de Avellaneda, el mochuelo; d e escultor, el papagayo; de Doña Inés, la cotorra, y. dé su padre, el galápago. Lá muerte de Lnia Mejla fué de un efecto muy raro, pues lanzó el jiostrer gemido yendo á caer sobre el plato donde á Don Juan suelea darle la cordilla. Con el rabo se enredó Don Diego en una badila, y cayó rodando sobre el Capitán Centellas, que perdió lo menos cuatro plumas de atrás con el golpe.