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-Q- eneral, le decían á Dnmoriez los oonveneionales, la Éepiiblica necesita tina victoria todo trance. T aqni cahhgrameamos al ilustre oandillo: cHágase la voluntad de V. E. y siga V. B. mandando llover. El estero ha venido á, turbar por unos días la tranquilidad de la vida del hogar y el administrativo reposo de las oficinas públicas. Expediente hay que se pasó cinco meses seguidos sobre la mesa del oficial y en un cuarto de hora ha recorrido todos los trámites, gracias á las operaciones preliminares del invierno. ¿En qué va nuestro asunto de enajenación de láminas? pregunta el agente de cualquier Ayuntamiento. -Pues en el despacho del ministro lo tiene usted ahora. ¿De veras? Yo creí que aún no había pasado á informe del director de Administración local, -Puede que sea cierto; lo que hay es que lo hemos puesto sobre el chubeshy de Su Excelencia mientras esteran la oficina grande. ¡Oh decepción! ¡Yo que me había enajenado de gozo! -Pues ni usted ni las láminas del Ayuntamiento pueden enajenarse por ahora. Los empleados jóvenes sin vocación administrativa ni cariño á la casa acogen con júbilo el día del estero, y hasta prolongan la vacación hasta que les envían recado del ministerio. -Pregunta el jefe del personal que si está usted malo. -Sí, señor; diga usted que estoy en cama desde que esteraron la oficina. -Bueno; pero ¿qué tiene usted? Qnó sé yo! ¡Cosas del estero! ¡La alfombrilla! Diga usted que la alfombrilla. En cambio, los empleados viejos y amantes del oficio, los que no viven más que por y para los decretos marginales, no pueden acoftumbrarse á la idea de que sea festivo el día del estero. -Nada, nada, yo tengo que extractar ese expediente de Pósitos, porque es cosa urgente. -Pero, señor, ¡por los clavos del esterero! ya trabajará usted otro día. Y convencido el hombre de que no es posible su labor mientras no quede colocada la estera, pide á los operarios que le dejen echar una manita para que acaben antes. Desde que nos cuidan el pavimento, Madrid se pone intransitable, sobre todo á a hora del crepúsculo, cuando todo el mundo se dirige á comer á casa. Hoy abren una sima en la calle de Alcalá, mañana renuevan el entarugado de la calle del Barquillo, al otro día los operarios de la Villa se despliegan militarmente en la Puerta del Sol. ¿Qué es eso? ¿la van á esterar? preguntamos. -No, señor; van á mudar los adoquines. Desde que pisan fuerte los conservadores, no gana el Ayunta, fS! p ¡r i (1 SfSSVl JI Cy miento para vía y obras. La Puerta del Sol ha estado hermosísima unos días, l l y 7 llena de contrafosos, trincheras y pozos de tirador. Verla al anochecer, era ver San Pedro Abanto cuando la última guerra carlista. ¡Anda! ¡Qae vénganlos mambisesahora! decía entusiasmado un aparejador del Ayuntamiento. ¡Ah! ¿Pero entraba esto en los designios del general en jefe? v C ¡Hombre! ¡vaya usted á saber ¿Quién sabe si la villa y corte es una de Las Villas donde van á empezar las operaciones en grande de un semestre á otro? Si es cuestión de patriotismo, me callo. Pero si no, declaro lealmente que prefiero pisar Jioyos y baches, á caer por ahí en cualquiera de las trampas del Ayuntamiento. LUIR R O Y O 0I BT 7 J 0 S DD OILLA VILLANO A