Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
La criada se va, y al poco rato vuelve con el dinero. -Señorito, ¡si son tan caros! -No, mujer. -SI, señor; me han pedido diez duros por el más pequeño. Y es que la sencilla doméstica ha entrado en una tienda de pompas fúnebres, confundiendo los buñuelos comestibles con las coronas de siemprevivas. La muchelumbre de fieles, mejor diriamos de curiosos, que reeoire estos días los cementerios, apenas si se detiene ante los nichos y sepultaras, pensando más en las lápidas que en los muertos; en cambio, el escaparate de las confiterías, rebosante de buñuelos, jamás sB encuentra huérfano de mudos y devotos contempladores. Cada cual tiene su manera de matar pulgas y de honrar á los fieles difuntos. Y bueno es añadir que en lo tocante á la última de las obras de misericordia, necesitan nuestras costumbres radical y completa transformación. ¿Qué fundamento tiene la moda necia de las coronas fúnebres? Eecuerdo que á raíz de la trágica muerte del presidente Carnet, trató la prensa parisiense de este importante asunto, sacando la caenta de los miles de duros tirados á la calle por obra y gracia de las vigentes modas funerarias. cCostumbre pagana se dice; mas yo creo que es tonta, sin ser pagana siquiera. Desüojar sobre el cadáver flores recién cortadas, adornar de guirnaldas el féretro y mezclar el mirto y las rosas á la tierra que va cubriendo el hoyo, esto era lo pagano y esto era poético, después de todo. Mas llevar en pos del féretro una impedimenta ridicula de flores de trapo, de cristal ó de porcelana, de monstruosas coronas y de lazos y cintas semejantes á los que lucen las moñas de lujo, es cosa que nunca hicieron los buenos ciudadanos de Boma, porque una cosa es ser pagano y otra es ser tonto de capirote. En tan graves negocios, la oración parece que Aeihia, ser lo primero; pero es lo último, hasta nueva orden. El rezo, como es lo primero que se aprende, es también lo primero que se olvida; por eso buscamos otra cosa con que sustituir á la plegaria, cada vez más reacia y torpe en acudir á nuestros labios. Oraciones no habrá. pero ¡coronas! á cientos; pero ¡buñuelos! á millares. El padre obsequia con ellos á sus hiios, el amante esposo i su mujer, el novio á su novia y la niñera al nene; hay que seguir la costumbre, y todos tenemos que pa ar por el aro del buñuelo. -No tiene usté. I razón, me dirá algún optimista; nuestras costumbres mejoran. Ya no se permite empinar el codo en los cernentei ios. Es verdad; la gente entra ya bebida. Media docena de buñuelos, un trago para que se asienten, y al Jenorio por la noche; ¿hay modo mejor de celebrar la festividad del dia? ¿Por qué será el Jenorio la obra de ritual en esta semana? ¡Vaya usted á saber! Quizá queremos honrar á nuestros muertos celebrando los desplantes de quien tan poco respetaba á los suyos. B zad por los fieles difuntos dice la Iglesia. Y D. Juan Tenorio responde: Alzaos, fantasmas vanos, y os volveré con mis manos á vuestros lechos de piedra. Visitad las tumbas añade la santa costumbre. Y, en efecto, aplaudimos á rabiar al hombre que, á querer, volviera él pilado d hacer encima del panteón. Son misterios del corazón del pueblo, y su estudio requiere más psicología de la que puedo disponer por ahora. ¡Pelillos á la mar! Sigamos con nuestros manjares de circunstancias y con nuestro Tenorio, pidiendo únicamente que Oiutti salga este año con una bandeja de buñuelos para el banquete, en obsequio de la propiedad escénica y del gusto del público. LUIS DIBUJOS DB ülWik ROYO VILLANOVA