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Y EL VIVO AL BOLLO Si no atendiéramos á la nutrición especialmente, ¿cómo resistir las acometidas del dolor ni los duros embates de la tristeza? Bueno es llorar, como dice el vulgo, en las visitas de pésame, pero también hay que hacer algo por la vida. La muerte del prójimo nos entristece en primer lugar, pero luego nos hace pensar en qae hay c ue cuidarse para no seguir tan funesto eiemplo. El muerto al hoyo, ya lo dice el ri frán, y el vivo al bollo. Pensamiento que también se ha expresado en renglones cortos de esta manera: Derrámennos una lágrima la memoria de aquél que fué nnesiro amigo, y luego nos iremos d comer. No hay en esto exageración alguna. En muchas comarcas rurales de España hay la costumbre de obsequiar con una comilona al oortejo fúnebre apenas vuelve del cementerio. Se hace el panegírico del difunto con la boca llena, y todos los comensales convienen en que esta vida hay que pasarla á tragos. Eso quisiera la muerte: que uno se acobardara, que se entregase al llanto y á, la inanición, para venir y cebarse en los cuerpos débiles. Nada de eso; el llanto sobre el difunto, y los duelos con pan son menos. Una buena digestión resiste todas las acometidas de la parea; con un estómago repleto no puede la segur cansada de la muerte. Si la boca es intérprete del corazón, ¿no es insto que corazón y boca marchen juntos lo mismo en las penas que en las alegrías? De ahí que todos los movimientos pasionales repercutan en la cocina. ¿Nos cayó el gordo? Pues banquete al canto. ¿Se murió una persona de la tamilia? Pues á comer de fonda, porque la pobre criada no está para más pucheros que los que su pena le obliga á hacer. ¿Hay desafio? La comida es su consecuencia. ¿Bautizo? Dulces al canto. ¿Nos desahucia el casero? Pues ahora sí que no hay otro remedio que marcharnos á comer fuera de cafa. En lo que hace la fiesta de los Difuntos, este día tiene manjares especiales sobre los cuales se arroja la humanidad transida de dolor. Parecía natural que la cuarta plana de los periódicos acentuase en los primeros días de Noviembre la triste nota de las esquelas de defaneión y apareciera materialmente enlosada de lápidas y cruces. Todo lo contrario. Al negro filete de los avisos mortuorios sustituye el alegre anuncio de las confiterías, y al E, I. P. de las esquelas, el precio de cotización de los buñuelos de viento. ¡Fiero contraste del Día de Difuntos! La boca que murmuró oraciones por la mañana, es á la noche insondable buzón de buñuelos. Manjar indispensable en estos días do recuerdos tristes, creeríamos no honrar debidamente la memoria de nuestros muertos si no les dedicásemos una parte de nuestra digestión. -Mira, le decimos á la criada, ya sabes que hay que acordarse de los difuntos. Toma dos pesetas y tráete un paquete de buñuelos de la tienda de enfrente,