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-Queremos derechos, dijo un vozarrón que parecía de hombre y dominaba toda clase de ruidos. Era una matrona bigotuda y formidable, y negra como una sotana. ¿Qué derechos? -Jjos derechos de la edad. ¡Eso! ¡Eso es! repetían todas aplaudiendo. ¡Silencio! Y sepamos en sustancia lo c ue deseáis. -La sociedad nos arrincona como á, gente inútil: éramos, cuando jóvenes, halagadas y queridas; ahora, nuestros antigaos amantes tienen el valor de requebrar á nuestras nietas; mientras el hombre anciano hace un papel majestuosa y venerable presidiendo las Sociedades y Academias, nosotras estamos en ridiculo, y se llama chochez ¿nuestra experiencia, y cuentos de vieja á. nuestros consejos. En amor, sólo servimos de coco ó de pantalla y los hombres de nuestra edad viven persiguiendo chiquillas hasta la puerta del cementerio. Sólo fe nos deja el oficio de grañir, hacer crochet ó atizar Iss chimeneas, y queremos mandar, hacor conquistas, tener adaladorfs é influencia con igual derecho que los vieíos. ¿Por qué han ae ser oUos reliquia y no. -otrás desperdicio? ¿Por qué han de sor resp- tables sus calvas y risibles nuestros añadidos? ¿Es que el hombre se hace generoso con los años como el vino bueno, y nosotras nos convertimos en vinagre? Estamos hartas de vivir arrinecnadas como las arañas; tenemos callo en las rodillas de rezar; nos dejan abandonadas á los recuerdos y al flato, y protestamos y nos rebelamos con todas nuestras uñas y pulmones. ¡Bravo! ¡bravo! repitieron palmeteando y chillando en falsete aquellas furias; y cada cual decía á, su vez, haciendo chasquear sus huesos y saltando de satisfacción: -Callen los hombres, y el motín estalle. -Y vayan las labores á la calle. -Echemos las arrugas en el cesto. -Y pidamos después el presupuesto. ¡A. y del mundo si cae en nuestras garras: -Venga vino, muchachos, y guitarras. ¡Señoras! exclamé. Iio que pedía es tan difícil como si yo os pidiera que alcanzaseis la luna con las manos. ¡La alcanzaremos, la alcanzaremos! dijeron con imponente vocerío; y todas las viejas á la vez, cabalgando en sus escobas, se elevaron con una especie de aleteo, ganando los tejados y aventándose el rostro con los vuelos de sus faldas. Yo vi primero una furiosa carrera de viejas con las medias caídas que convertían el firmamento en una pista; después todas las viejas de Madrid formando un nubarrón en el espacio, del cual aaían sobre la tierra cuentas de rosario, ojos mal sostenidos en las órbitas, chinelas y zancajos. Para aquella visión dijo sin duda el gran poeta Zorrilla: Li luna huyó al mirarlas Poro la alcanzaron por los cuernos, y vi en el horizonte un terrible cometa neoho con el disco de la luna y una legión de viejas montadas en escobas, que formaban un rabo diabólico é inmenso. Mientras duró el fenómeno celeste, hubo tranquilidad en las casas y los yernos descansaron. JOSÉ FERNÁNDEZ BEEMÓN SlBCJoa DB MüCACEIS