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¿Qué haces aM? le pregunté. -Fus ná, que n o me desnudo hasta que se v a y a don Tose; el cual se apaciguó gracias á mi intervención conciliadora. Otra vez, haciendo La Africana, se le insurreccionaron los comparsas del acto primero y la emprendió á golpes con ellos. Después de apalear á u n abad, le tiró u n a manguzd al compañero, pero hizo mala p u n t e r í a y descargó el golpe sohre u n noble inocente. ¿Por qué me pega usted á mí, si yo no me he metido en nada? -Dispensa, hombre, que ira pa el obispo; pero y a la tienes p a otra vez. El director de escena forma las listas de cuanto pide la obra, entregándolas á los jefes de dependencia; naturalmente, llega á poder del cabo la lista de eomparseria. Y l a consulta con el director es inmediata. Voy á referir una de mis entrevistas con D. José. Entró en mi cuarto sombrero en mano, y no conseguí que se lo pusiera, aunque hacia mucho frió, costándonie no poco trabajo hacerle t o m a r asiento. ¿Ha recibido usted eso? -Si, señor; de ello vengo á hablar. Se t r a t a b a de El Profeta, y yo había recargado la mano en la lista de eomparseria. -Vamos á ver. Acto primero. -De pueblo lo tengo todo, pero de nobles faltan muchos, porque se v a n escamando. Como usted los hace accionar, dicen ellos que no accionan por menos de cuatro reales. Si los quiere usted qnietos, saldrán, como siempre, á media peseta. -Eso no es á mi, sino á la empresa á quien debe usted decírselo. -B u e n o El acto s e g u n d o sin novedad. ¡Pero lo que es el tercero! -Pues el tercero es el que yo deseo a p r e t a r Qaiero hacer un b o n i t o cuadro del saqueo y robo de religiosas. -De bandidos, mtny al pelo; tengo muchos: como que lo son todos ellos. ¡Pero de vírgenes, andamos mal este ahol- ¿Qué me cuenta usted? -Si, señor; ha habido mala cuseeha. ¿Y aquellas muchachas del año pasado? ¡Anda, anda! ¡Si se han casado todas, y sus maridos las h a n quitado del teatro! -Pero, hombre, ¿no va usted á e n c o n t r a r en Madrid ocho ó diez chicas guapas? -Sí, señor; pero ni aun aquí quieren Seí monjas; üo tienen vocación. Vamos, que no les tira el claustro. -Pues h a y que buscarlas y dar cori ellas. -Yo no respondo; y de patinadores, andamos peor. Desde que se esnur. ó patinando el chico del Patas y se lastimó de la rabadilla el h e r m a n o del Sapo, no h a y quien quiera p a t i n a r ni por u n ojo de la cara. Y a la catedral va á suceder lo mismo: me faltan frailes, y n o tengo obispos. ¿Quo no? Y vuelvo á lo mismo: ¿dónde están los del año pasado? -Pues verá usted: el más alto se cayó de u n andamio, y a sabe usted que era albañil, y se perniquebró; y el otro se ha dado al vin que da compasión el verle. -Entonces, ¿no tenemos nada? -Mire usted; ¿quiere que sea claro? Pues la cuestión es de las monjas, los nobles, los obispos y el patriarca aquel quo lo gustaba á usted t a n t o como saben quo valen... vamos, quo se edmn á las piernas, y como no les den más dinero- -A la empresa con eso, amigo D. J o s é Veo aqui algo que no me gusta. Y la empresa despidió al cabo y comenzó á gestionar la adquisición de otro. Se lo avisé privadamente á aquel funcionario, y á los dos días me escribió esta carta, cuyo original guardo en mi poder: Eespetable D. Eafaol: No voy á verlo en seguida porque estoy derrengado de t a n t o andar detrás de lo que usted sabe. Y a tengo á su disposición u n a liermosura de vírgenes y un juego de olñspos que da la hora; y el p a t r i a r c a ni lo prueba. Y todos p o r s u precio. Dígaselo usted á la empresa. Mi cuñada, la que enviudó el mes pasado, como la pobre lo necesita, y a sabe usted que es guapa, vuelve á hacer de virgen. El ramo de nobles lo be mejorado: t e n g o doce bigardos d e l a estación dol Norte, que no hay más que pedir; son doce castillos. Suyo afectísimo S. S. osé Nosiles. Posdata. -Si hacemos Boherto, y a verá usted qué príncipe de Granada; acaba de llegar de Gralicia, y no cabe por esa puerta. Repito que conserva el autógrafo R. iPAKL M A R Í A D T B Ü J O S I) S MKnAOHIK LIERN