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EL CABO DE COMPARSAS üAT. QuiEEA C iie tenga muchos conociimentos en los barrios bajos de Madri 1 jmede ejercer airosamente do cabo do comparsas en teatros lo zarzuela ó verso; en el de ópera no. porque no está todo reducido á buscar u n número de mujeres y otro de hombres para simular guerreros ó damas. Se necesita p a r a el puesto un hombre de instrucción relativa, y qu 6 H (e fe aUernor, como decía D. José, tipo genuino del verdadero cabo de comparsas. ¿Quién no le ha conocido? 101 hablaba como el chulo más chulo de la a- eme de Maravillas, poro vestía do señorito. -El que n o ga, sta, faldones y himha. ír sa de D. José, no puede servir teatros de hiten. Cuando inaiiguró D. Simón de las Kivas el teatro Pn ncipe Alfonso, ya era D. José cabo de comparsa. s; sirvió i? Espíritu del Mar y Barhn A: iil. En í us libros de listas de comparseria he visto las siguientes notas: Pepa la Chata, la Pelo y medio, J o a q u i n a la Pescaera, la Picuda: Merhar íí, s. ntonia la Lunare- Ramona Dientes, la Piltruiillas: Snlmoneles verdes con plata. E 1 P a t o s o J u a n el Curda: Jirafas. Paco el Guindilla: ülefnn e l) lanco. y D. José, 3 a entonces ora organizador. En la ópera acabó de formarse. A los cinco años de servicio, a ckimnyaha I) J o s é el italiano y se entendía en francés con (Apropio Nnpo eon. U n a zarzuela como Cádiz ó como La Mar- selleía pide mucha comparseria, pero no t a n t a como las o p e a s Fausto, Profeta ó Rey de Lahore. P o r esta razón, el cabo de comparsa. s de la ópera ha de estar m u y bien reto rio ¡indo. Como muchos de n i s loc. t (jrc s no sabrán lo que es u n c a b o do comparsas, voy á deliniflo, para que sepan á qué atenerse. Llámase eaho de eoinvursas al oncar ¡rado de buscar la gente que ha de t jw. en las repicsentacioncs sin abrir la boca; y las condiciones primeras que ha de reunir u n cabo son las siguientes: entereza, espíritu oiganizador, dotes de mando, y no aelÚGorse. Figürese usted qué clase do gente irá á fgurnr á los teatros por dos míseros reales! G- eneralmento lo peordllo de cada casa, en el mejor sentid- i de la frase. Sin las condiciones que dejo apuntadas, ¡échese usted á don in a r una masa de cien personas, entre las cuales, si no predomina, entra poi mucho el e l e n u n t o femenino! D J o s é tenia fama de muy hombro, y no se asustaba por nada. Recuerdo que u n a vez hacíamos Los Jiago iote- en el Real, y después de acabar el segundo acto, vi á un armado de los quo se colocan en la plataforma de la escalera del parque do Chenonceaux agazapado detrás del palenque, mientras D. José le docia: No te doy dos palos en la cabeza por no abollar el casco; pero en cuanto te desnudes Al terminar la ópera, el comparsa seguía do armado de punía en hlanco y escondido en el hneco que hay debajo del órgano.