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La prensa laborante sigae cantando á su modo las proezas del separatismo. Cada oabeoilla lleva en calidad de Maese Lanjostho un corresponsal inglés ó norteamericano, y apenas el mambís machetea á un español extraviado ó arroja una bomba de dinamita sobre un tren de viajeros, le dice imperiosamente, como el personaje de la zarzuela: Apuntad, maese cronista. Pero en realidad son inútiles los corresponsales para una buena y perfecta información filibustera. La hermosa fantasia del escritor basta y sobra para alentar el coraje de los mambises. ¿Gon qué bola llenaremos hoy la primera plana de The Infundium? -Digamos que Marti ha resucitado esta mañana. -jPero si aún no le hemos dado por muerto! -Pues digamos que Puerto Príncipe j a no es puerto, ni priüclpe, ni nada. Y á todo esto, Ja beligerancia sin venir. -Pero señor, dice Maceo, esos Estados Unidos ¿á qué aguardan? -A que tomen ustedes alguna población importante. ¿Si? Pues mañana mismo nos apoderamos de Bomedios. Y, en efecto, al día siguiente cogen una acémila cargada con curas individuales. Los cambios de estación no se suceden con la regularidad apetecida. Así 63 que en meses de transición como el que atravesamos, el más completo desbarajuste reina en la indumentaria personal. -Oye, prpgantamo? ese sombrero de paja, ¿es algún recuerdo de familia? -ITo. ¿Por qué? -Hombre, porque fi no tifnes empeño especia ya os hora de que lo metas en adobo hasta el año que vif- no (si vivimos) Enfrente de éstos que apuran la colilla del verano están los quo so adelantan á los acontecimientos invernales abriéndose de capa muchos días antes de lo preciso. En las primeras noches de este mes tuvimos el gusto de saludar al embozado 1. y al 2. El sol 86 enfadó, y salía al día siguiente hecho una furia, como gritando: ¡Fuera enterradores! Mas esta situación equivoca durará poco: tras de las capas vendrán los rusos, los mac ferland de invierno y los gabanes de pieles. Hay quien las luce descaradamente en los puños y en el cuello, con gran escándalo de los mendigos que tiri- tan; otros se abrochan prudentemente, y sólo dejan ver el pelo por abajo, como si entraran caza de matute. ¡Pobre Pepe! decimos. ¡Mira qué gabán lleva! -Pues está forrado de pieles. Y, en efecto, la epidermis del individuo es el único forro del gabán. Lois ROYO VILLANOVA DIBUJOS DK O I L L A