Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
y Navarro Eodrigo, el marqués de los Ulagares, el magistrado 8 r. Gudal, el oorouel España y otros jugadores de fuerza. También toman parte en estas partidas algunas damas, como la condesa de Via- Manuel y la señorita de Caicedo. La mesa de la izquierda es la harata, la A. e perro chico, y allí se sientan los chambones, entre los que abundan las señoras, y á veces hay dos y tres de estas mesas; como que en todos los ramos lo malo abunda. Hay algunos que prefieren la couversaeióa ó se engolfau en la lectura de la prensa do la noche, y así aguardan la media noohe, en que se presentan los criados para servir el chocolate en peqaeñas mesitas, y sin que nadie, ni los jugadores, tengan que molestarse en abandonar su sitio. A la una de la mañana la marquesa indica á sus compañeros de tresillo que hay que dar la vuelta, y aquéllo es el toque de retirada. ¿Que se habla de política y se comenta cuanto ocurre en la corte y fuera de ella? ¡Quién lo duda! Pero allí no se intriga. Solamente cuando hay grandes desgracias que socorrer, como sucedió con la campaña de Melilla y acontece hoy con la de Ouha, se organizan socorros, que llegan como un bálsamo bienhechor á los soldados de la patria. Y los pohres tampoco son olvidados: con el óbolo de los tresillistas, tienen allí una renta que no baja de 3.000 pesetas al año. MONTE- CRISTO Fotografian de M. Franzen, hechas expre amenie para BLANCO Y NEGRO. w lí i. i 0 CACHUPÍN (EPISODIO DE 1809) I Muchas vecps me había tocado la mala pero ninguna como aquélla. Si dijera que hasta entonces no había asistido más que á victorias de nuestras armas, mentiría descaradamente. En el año y medio que llevábamos de lucha con el francés, más iiabían sido nuestros descalabros, gloriosos muchos de ellos, pero descalabros al fin, que no los triunfos; y con decir que me había encontrado en Espinosa de los Monteros, on el Gamonal y en Medellín, excuso añadir que lea había visto duras, pero muy duras. Sin embargo, como de aquellas d- rrotas, mal 6 bien, habíamos conseguido escapar, y de ésta no, en aquellos momento? pose á nuestro ardor patriótico, que era mucho, más sentíamos el fracaso personal que no la grandísima y fatal trascendencia que podía tener aquella fanción de guerra para la causa de la nación y del trono legitimo. Ni necesito decir eainta era ó ta, ni para qué entrar en detalles del combate tengo. Los incidentes de la batalla de Ocüña se han referido tantas veces, de tau diversas maneras se ha comentado un desastre atribuido por unos á la desgracia, por otros 4 la impericia de nuestros generales, por nadie á falta de arrojo de los españoles, que ocioso seria hablar aqni de ello. Del 19 de Noviembre de 1809 no he de recordar más sino que nuestras tropas dejaron sobre el campo de cuatro á cinco mil muertos, y que los franceses, amén de tomarnos cuarenta piezas de artillería y treinta banderas, nos hicieron más de trece mil prisioneros, entre los que se contaban tres generales, seis coroneles y cerca de setecientos oficiales. II Yo, que era teniente por aquel entonces, servía en el regimiento de Burgos, uno de los que más se distinguieron en el encuentro del día antes á las órdenes del general Freiré, y el mismo cuya bandera, enarbolada por Laey, nos sirvió de enseña ea los comienzos de la batalla para rechazar á las divisiones de Varsovia y de la Confederación del Rbin, dirigidas por Laval. De que no me tocó estar ocioso, tampoco tengo por qué hacer mérito. En aquella funesta jornada, que no sin razón tuvieron los franceses por desquite de Bailen, nadie lo estuvo. Del comportamiento de los dos batallones de Burgos, baste apuntar que mereció especiales y calurosos encomios del j) ral Zayas, Pero de poco ó de nada sirvió el heroísmo de nuestros soldados. Los treinta y cuatro mil hombres de que se componía la fuerza enemiga se batieron con un denuedo sólo comparable al nuestro y quizá con mejor organización, y el resultado fué el que llevo dicho ya.