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Los gigantes y cabezudos empiezan sus correrías el día 11, y no dejan de discurrir por la ciudad mientras duran las fiestas, persiguiendo á los chicos, bailando ante las casas de los concejales y haciendo reverencias ante la residencia respectiva de todas las personas investidas de autoridad. Los cabezudos en el Paseo son una magnífica nota de color como decimos ahora; chasc neai do sus látigos, porque allí no hay vejigas, sino latigazo y tente tieso, presencian distraídos la algazara de los ohicuelos, que en número fabuloso llénalos alrededores de un alboroto ensordecedor. Son una nube de langosta, pero una nube azul por el color que domina sobre las cabezas con las boinas, y en los cuerpos con la blusillaanudada adelante ó sujeta á, la cintura por el pañuelo de las narices, para ir ceñido y correr mi jor. De pronto el cabezudo se arranca, y la nube de chiquillos rompe á, correr en masa, dando un zumbido vibrante como bandada de pájaros fugitivos. Los toros Fiesta sin ellos, ni es fiesta ni es nada; de tal manera, que todo lo demás parece pretexto. Hubo tiempo quizás en que la solemnidad religiosa sería lo primero y en que para entretener y obsequiar al forastero, peregrino ó devoto, dispondrían los eonepjos toda suerte de halagos y diversiones; tiempo hubo también en que la feria era lo principal en estas épocas. Dificultadas las comunicaciones é imposible el acceso constante del vendedor al comprador, señalábase una época y un sitio para las transacciones comerciales; así fueron las ferias famosas de las tres Medinas. Hoy es la fiesta de toros el principal atractivo y el cebo principal para la concurrencia. Ella trae á Madrid á los isidros, lleva á los franceses á San Sebastián y despuebla las villas y aldeas próximas á Zaragoza para llenar su circo de aquella concurrencia alborotadora como no hay dos, más alegre que inteligente, fácilmente entusiasmable y también fácilmente iracunda, baturros y labradores que en mangas de camisa ocupan las piedras del tendido, y que á la menor contrariedad se vuelven roncos dando gritos y agarran la soga de la contrabarrera, tirando de ella hacia adelante y haciéndola girar como una comba. Algún baturro serio toma á mal el alboroto de éste ó de aquel tendido, y grita poniéndose en pie: ¡Qué brutos seis los del siete! Otro, aficionado al tresillo, se alarma viendo que un matador pide otra espada, y otra, y otra luego, y no puede menos de decirle en voz alta: -Oye, tú, ¿vas á jugar un solo? No hace muchos años, el día de toros en Zaragoza era día completo. Por la mañana, á las nueve, la prueba: cuatro toros de Eipamilán, de Carriquiri ó de la Campanilla De la plaza á la mesa, y de la mesa á la plaza otra vez á ver lidiar seis toros navarros por las cuadrillas de Lagartijo y SIOANOK VILLA (Vülita) Frascuelo, que nunca faltaron allí para el Pilar, Tampoco éstos son malos tiempos para el toreo zaragozano; el Villa acaba de tomar la alternativa en Madrid, y sus paisanos refrendarán el decreto en Zaragoza. Allí le quieren, animan y aplauden mucho, lo cual demuestra que es posible ser torero en su patria y hasta pro. íeta, como lo acredita la popularidad del verdadero zaragozano Lüís EOYO VILLANOVA Fotogi afias de Julio Callen.