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(JCít O ANO V M A D H I I) 1- 2 DK OoTDBRK DE 1895 N Ú M 232 LAS FIESTAS DEL PILAR (INSTANTÁNEAS ZARAGOZANAS) J: Mi Dría (le tafiíjHcra. Ei templo Grande, inmenso, desprovisto en lo exterior do todo adorno arquitectónico, esta cirennstancia parece aumentar su magnitud, proporcionada al amor infinito, humano, espociallsimo que los zaragozanos ponen en su Virgen, y que no cabiendo ya, á pasar do todo, ni en el espléndido camarín donde el pilar se encierra, ni en todas las anchísimas naves del templo, dirlase que suhe con poderosa presión, pugnando por romper los techos y levantando en ellos gruesas y monumentales ampollas que son por de fuera conjunto variadísimo de cúpulas y cupulines, brillando de día con todos los colores del iris y semejando de noche grandes esferas que salieran del Bbro, mundos á medio surgir llevando en sus polos enhiesta la señal sagrada de la Cruz. En el interior del templo no dejó tampoco grandes maravillas el arte. Goya plantó su firma de aragonés, y su cuñado Bayeu puso también su firma aragonesa; pero fuera de esto y del magnífico retablo de orment, el Pilar dice bien poca cosa al artista. Y sin embargo, la original sugestión de sus naves no la hallaréis en ningún otro templo. La devoción pura, sencilla, franca, llena de confianza y exenta de temores, cariño filial sublimado, que es el cariño de Zaragoza á su Virgen, eso se refleja bien claro en aquellas naves despejadas, en aquellos muros siempre blancos, en aquella claridad do campo abierto inundando de luz una iglesia sin claustro, sin ábside, sin ángulos de cruz latina, sin rincones ni recovecos.