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El pobreoillo presentalja OE la piel desgarrones horribles, y las señoras diosas pidieron i voz en grito q ue cesase aquel repugnante destrozo. Después de esto salió Perseo aponer rehiletes de avara, y el público le silbó, porc ue todo se volvía tirar reetasi onrvas y triángulos. Un curso de G- eometrla mitológica. Llegó la hora de matar al toro, y como no estaba bien previsto el caso, ni Hércules ni ninguno sé prestó á ejecutar la suerte. Hasta el mismo Marte se excusó, pretextando qne le apretaba mucho una sandalia. En esto se oyó un fuerte murmullo. ¡Bronca en el cinco! ¡Bronca en el cinco! gritaban por todas partes. Eran los sátiros, que se habían ODiborraohado con el barril de Baco y estaban cometiendo todo genero de desmanes. Los guardias de Orden público empezaron á apalearlos por orden de Júpiter; pero viendo éste que ni aun asi lograba restablecer la calma, exclamó: f ¡Sálvese el que pueda y lanzando al toro un rayo que le hizo añicos, acabó la fiesta como en el último de nuestros villorrios. El rayo me despertó, como era natural, y por cierto que lo sentí. Luego, refiexionando un poco, me dije: Sería curioso que en alguna de estas excavaciones pompeyanas encontráramos la prueba de que en la antigüedad habían existido corridas de toros parecidas á la de mi sueño, y que Pepe Hillo, Montes, Guerrita y demás diestros fueran descendientes por linea recta de Hércules, Perseo y demás héroes mitológicos. Creo yo que tendría gracia. Uiunjns tiK MECACHIS SANTIAGO D Í A Z GIL CUENTOS BATUKROS, POR GASCÓN -Pues no das poco que hablar con tu boda I I- -jPor qué? -Como siempre ioias que habías de ser monja, y agora de repente te agarras al matrimonio- ¿Y qué? Al fln sacramento ea. j -Ha dicho mi madre que me dé usted un pan. ¿Qué dices? -Que ha dicho mi madre que me dé usted dos panes. ¿No decias que uno?