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El fin que llevo al iavitaros á esta reunión es el de proporcionar á nuestros hijos una nueva fiesta que sin duda alguna habrá de hacerse perdurable. Esta diversión es una corrida de toros. En el valle de Etna he mandado construir un precioso circo, donde se celebrarán las primeras funciones. Vosotros ¡oh carísimos dioses! pondréis en obra los dones más salientes con que mamá Natura os dotase, pues que para todos llega, y vosotras, hermosas compañeras de las divinas Gracias, cuando tengáis ocasión de rendir tributo ú homenaje á las proezas de los diestros taurómacos, lo haréis chocando las palmas de las manos y diciendo en alta voz: ¡Bendita sea tu madre! He dicho. Terpsícore tomó la palabra para aconsejar que sería mejor un baile, pero las Musas, deseosas de novedades, hablaron en contra, lo cual fué aplaudido por una numerosa claque, que desle aquel entonces no ha cesado de acompañarlas. La Discordia, con el hacha en la mano, pretendió poner inconvenientes á lo que todos aprobaban, pero no le fué posible. Cien voces exclamaron: ¡Al corral! ¡al corral! Siempre la misma! ¡Fuego con ella! y dos esqueletos lujosamente vestidos la zabulleron en una caldera de betún hirviendo que cuidaban dos genios negros. Todo era bullicio y algazara, y sólo se notaba un continuo movimiento de sátiros y faunos, dríadas, pareas y arpias caminando en dirección del nuevo circo taurino. Más atrás venía la diosaDiana rodeada de sus ninfas; luego Sileno y Baco conduciendo un tonel de vino para amenizar la fiesta; Pan iba sonando su instrum e n t o de c a ñ a s puesto que con él había de anunciar también la salida de los toros, y, por fin, la presidencia precedida por el payaso Momo, que marchaba haciendo extravagantes genuflexiones. Eolo, con sus cuatro vientos, iba dispuesto á armar una polvareda si Neptuuo no regaba el ruedo convenientemente. La hora esbaba próxima, y la plaza estaba do bote en bote. Ocuparon la presidencia los dioses del Infierno, y á su diestra y siniestra se colocaron Venus y Diana respectivamente, con mantilla blanca aquélla, y ésta con otra negra de madroños. Minerva desde un palco cercano las contemplaba con envidia y decía para si: Darse tono. Mariquitas. El infeliz Cupido, que á causa de su ceguera no podía contemplar el espectáculo, revoloteaba de ninfa en ninfa. Pintón hizo la señal convenida, y las siete cañas Janzaron al espacio sus melodiosas notas. A los primeros acordes de la música, que Apolo dirigía, Hércules y Tritón pisaron la arena en clase de maestros, seguidos de otros diosas aficionados ¿la coleta. Castor y Pólux, dos héroes muy acreditados, hacían de picadores, montando dos magníficos caballos blancos, los mismos que emplearon para efectuar scs hazañas por esos mundos. Ei toro, sin más ni más, se fué hacia Pólux, que le sostuvo el derrota con mucha serenidad, estando al quite el fandador de Cádiz, que con unas cuantas verónicas y magdalenas recién sacadas del horno paró los pies al bicho. Este cobró nuevamente sus facultades y se dirigió á Castor, hallándole tan desprevenido, que le partió una hermosa pica de hierro construida en los talleres de Vulcano; y de no haber sujetado Hércules al toro, al caballo y al picador á un tiempo, no hubiera podido concluir la faena y hubiera sucumbido el jaco. Tocó su torno á los varilargueros Jasen y Teseo, los cuales sufrieron algunas caídas á cambio de grandes batacazos que no tenían nada de mitológicos; pero el que se lucio verdaderamente en este tercio de la lidia fué el Centauro Qairóu, que firmando con su jamelgo una sola pieza, iban al unísono en esto de picar al toro en cualquier parte y salir escapados para evitar un tumbo que lo mismo habían de lamentar el jinete que el caballo. Entre todos pusieron más de oeüenta puyazos, poniendo al desdichado eornúpeto hecho una verdadera constelación.