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Atravesar el nm bral del palacio de Sástago era como poner el pie en antigua casa solariega, ó mejor aún, en feudal castillo; al ascender la suntuosa escalera, una silla de manos de gran mérito artístico parecía aguardar tan sólo á que la ocupara la noble dama de aquella mansión aristocrática; los retratos de egregios ascendientes pregonaban lo linajudo de la estirpe; todo, hasta la franca y cariñosa acogida que allí se dispensaba al recién llegado, contrastaba con la iría y amanerada etiqueta de estos tiempos. Pero eran pocos, muy pocos los elegidos, los que disfrutaban de aquella hospitalidad inapreciable. Honrada la condesa de Sástago por S. M. la Eeina con el nombramiento de camarera mayor, las ocupaciones de su nuevo y prestigioso cargo embargaron todo el tiempo que dejaban libre á la noble dama los deberes que la impusiera su caridad inagotable. Frecuentó poco la sociedad, pero su figura disticguidisima aparecía siempre en las solemnidades palatinas con les prestigios de la virtud y de la alcurnia. Eeoientemente se abrieron (acaso por primera vez después de muchos años) los salones del palacio de Sástago SALÓN DE BAILE para un banquete en honor de los diplomáticos extranjeros. Entonces, iluminados ya por la luz eléctrica, aparecieron á los ojos del selecto concurso aquellas estancias magníficas, con sus antiguos tapices, sus damascos de color carmesí (dé oolorprelado, que diría la señora Pardo Bazán) sus cuadros de notabilísimos pintores, los retratos de la nobilísima ascendencia, su biblioteca, á través de cuyas vitrinas se admira una colección de breviarios primorosamente miniados; toda aquella riqueza, en fin, allí acumulada durante tantos años. La camarera mayor se presentó, pues, como quien era ante aquellos extranjeros ilustres, representantes de poderosas Cortes, y que no se cansaban de admirar el palacio de la calle de la Luna. Después volvieron á cerrarse los salones; se apagó el ruido de la diplomática fiesta, y la condesa de Sástago volvió á su vida patriarcal, embellecida y animada por las caricias de sus encantadores nietos, la mayor de los cuales, digna heredera de la belleza de los Senmanat, será dentro de pocos años encanto y ornato de los salones de la corte. MONTK- CRISTO Fotografías de M. Franzen, hechas expresamente para BLANCO T NKGjao.