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LA VIDA EN VERANO SEPTIEMBRE Por una p de más ó de menos no hemos de reñir con los modernistas ortográficos. Ya tenemos entre nosotros el tan acreditado mes de la vendimia, mes en el cual á los abandonados de la fortuna no les queda el recurso consabido de decir que testan verdes Maduros y muy maduros están por esas cepas los racimos blancos y de color: los racimos de políticos, prontos á prensarse en los lagares electorales; y los racimos de bañistas, que ya corren á fermentar durante la invernada en las bodegas de la villa y corte. Sopla furioso el aquilón, y á su impulso la naturaleza hace circular la magna tirada de sus hojas sueltas. Los árboles se quedan en los puros huesos cuando los hombres vuelven al trabajo sintiéndose robustecidos y tonificados por los aires del mar. La naturaleza vegetal se desnuda cuando el hombre empieza á requerir las prendas de abrigo; caen las hojas del árbol, y se levantan las hojas periodísticas merced á los bríos recobrados por la vida social, esfumada y perdida durante el estío. Empiezan en Madrid los abrazos de bienvenida. ¡Hola, Palano! ¡Hola, Mengano! Los baños de ola acabaron en el Cantábrico, y empiezan en la Carrera de San Jerónimo los baños de ¡hola! Llámele usted hache. Ni faltan tampoco quienes prolongan indefinidamente el veraneo por razones que, sin ser indiscreto, no podría meterme á averiguar. ¡Cómo, Julita! ¿Todavía usted por aquí? ¡Si ya no queda en San Sebastián alma viviente! -Pues esto es lo que yo buscaba. Ahora empiezo á vivir y á bañarme á gusto. Durante la panícula, esta es la playa de las de G- ómez: se respira una brisa barata, y hay un oleaje de ida y vuelta de muy mal gusto. y- í Afirman otros que, desde el punto de vista bidroterápico, no hay mes como el de Septiembre para los baño de mar. El agua está más fria, la ola es más fuerte y la impresión del baño más eficaz y terapéutica. Sin embargo, muchas personas de las que más alardean de septembrinas son las que más sienten los rigores de la estación. Sobre todo, hacia el despacho de billetes. La vuelta de los veraneantes no es ¡ay! tan económica como la vuelta de las golondrinas. El agua del mar emborracha también. Muchas gentes gastan en la playa lo presupuestado y un poquito mes; llega la hora de volver y á la vuelta lo venden tinto. La liquidación del presupuesto veraniego es para muchos una débáele económica. -Pero escucha, dice la esposa echando cuentas, ¿no hay ahora trenes- botijos? -Con este frío, ¿qué ha de haber? No hay más que trenes- garrafas. Y en tanto, los vecinos y los amigos de Madrid aguardando el regreso de la familia afortunada que puede veranear en la bella Baso. ¿Cómo tan tarde, D. Eamiro? Creímos que no vendrían ustedes en todo el invierno. -Ya ve usted: ¡como el viaje es tan largo!