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I UJERES CÉIvEBRES LA POMPADOUR El 15 de Abril de 1764 un convoy fdnebre salía del Palacio de Versalles. Llovía á torrentes, y el rey de Tranoia l. nis XV, c ue á, través de las vidrieras de su palacio veía pasar la triste comitiva, exclamó fríamente: ¡Mal tiempo le hace é. la marquesa para su último viaje! Tal fué todo el epitafio puesto 6. la última favorita de reyes como un escritor ha llamado á la marquesa de Pompadour. En efecto; la nación cansada de los locos dispendios de sus monarcas absolutos, el pueblo trabajado de día por la labor de la Enciclopedia, las sátiras de Voltaire dirigidas contra cosas y personas tenidas hasta entonces por inviolables y sagradas, preparaban los sucesos de la Revolución, que habla de acabar entre sangre y minas con el antiguo régimen. La misma Pompadour lo había dicho al rey Bien Amado en una frase que se ha hecho famosa: -Después de nosotros, ¡el diluvio! Juana Antonieta Poisson, después marquesa de Pompadour, habia nacido en humilde esfera; su padre, contratista de subsistencias militares, fué procesado y ahorcado en efigie por sus fraudes y malversaciones. Alejado de la tierra francesa, no faltó á la hija abandonada un padre adoptivo que le díó educación esmeradísima. Los maestros más hábiles le inculcaron el gusto más refinado por las letras y las artes, y era diestrisima en el dibujo, en la música, en la declamación, en el grabado en piedra y en todas cuantas habilidades y géneros de sprit podían hacerla en lo futuro dueña del corazón del rey, según de niña le habia profetizado una sonámbula. La predicción no se hizo esperar; oficiosos parientes con quienes contaba en Palacio preararon la primera entrevista durante unos arnavales cortesanos, y desde aquel día Juanita Poisson, hecha marquesa de un golpe, fué arbitro de los destinos de Trancia: separaba á los ministros, decretaba alianzas ó guerras exteriores, y encerraba en los horribles calabozos de la Bastilla á los cortesanos murmuradores. A cambio de las inmensas sumas de dinero que costó á Francia esta favorita, creó un género especial decorativo, el que hoy se llama todavía estilo Pompadour Ella puso en moda los muebles artísticos, los finos relieves, las porcelanas finamente trabajadas del Japón, de China, de Vincennes y de Savres. Eeina de la moda, hizo prevalecer en la corte sus gustos y los figurines de sus trajes. Las negli ées á la Pompadour que se admiran en los abanicos de la época, obra exclusiva son de esta heturia del siglo XVIII, desprovista de sentido- moral, pero dotada de finísimo gusto para las Bellas Artes. Dueña del corazón del rey é indirectamente poseedora de las riendas del Estado por tan largo tiempo, todavía siguió en las alturas del favor real cuando perdida en absoluto la belleza oomprendía que la salud iba faltándole también. Entonces la decía una de sus amigas: -No es á vos á quien el rey quiere, es á vuestra escalera; tiene el hábito de subirla, y eso es todo: la faerza de la costumbre. Moribunda ya, se hizo trasladar á Versalles para gozar el privilegio, reservado sólo á los individuos de la familia real, de morir en el palacio de los reyef. Aun en este trance supremo se manifestó su fino sprit. El cura de la Magdalena acudió á prestarla los últimos auxilios, y cuando cumplida su religiosa misión se marchaba, detúvole la marquesa y le dijo: -Esperad un momento, señor cura; nos iremos juntos. g ORLA DB ARIJA LUIS BERMEJO