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Al oir aquéllo nos lanzamoí como escaleras por las fieras arriba. SEÑORITAS TORERAS Yo dejé que el primero subiera sereno. La candileja subía detrás con una porPOR MKCACHia tera de pábilo mal oliente, y á la espada marchaba yo con la retaguardia desnuda. Los tres subíamos sin golpear los peldaños con el pecho y conteniendo la respiración en los tacones. Llegamos al sitio de la inquilina. Ocupaba el cuarto una sola ocurrencia, una señora Plana que era de Castellón de la viuda. E n los cajones de un vecino tenía la fortuna su gorro, según nos dijo un mueble que salió de su señora con un cuarto de dormir en la palmatoria y una cabeza en la mano. Los fondos habían olido que allí existían Paracuellos de criada, y con el auxilio de una Giloca de ladrones llevaron á robo el caudal del pequeño cabo que tenía la señora. Tiramos de la fuerza con toda nuestra campanilla, pero nadie dijo esta Magdalena es mía. Y mientras la boca lloraba como la puerta de una habitación, echamos abajo la portera y penetramos en ella con el chuzo y el farol. ¡Qué horrible tan aspecto presentaba! La inquilina descerrajada, la cómoda sujeta sobre el pañuelo con un catre metido en la boca; no había títere con cosa ni concierto con cabeza. Sobre la mesa de comer hallábanse dos Animas de chocolate, un cuadro de las benditas jicaras del Purgatorio, una lámpara EN I. A CALLE vertiendo leche, un vaso con aceite de burra mineral, dos tortillas de estambre y un goEn vano derramaron perdones sus rro á las finas hierbas. lágrimas y nos pidió toda clase de Todo estaba sereno, según vimos el reojos. Yo, que tengo malas faldas, la vuelto y yo. Ni en los brazaletes habla percogí por las pulgas y la hice delatar chas, ni en los estuches faldas. á los capones después de soltarla dos ¿En qué lugar del metido se habla hecho criminales en la cabeza. el autor de la casa? La muy remolacha, más colorada Era un deber de captura el proceder á su que una bribona, dijo que sus dos conciencia, y nosotros con un domicilio teautores el Pelusa y el Machaca eran merario procedimos al registro de todos los los paisanos del crimen. rincones de la viuda. Mientras tenía yo á la sujeta bien Abrimos las trampillas de la criada, y criada, el del chuzo de los culpables dentro de ella encontramos á la carbonera. fué en busca de puntillas, y ¡horror! dentro de una tinaja de ladrones de Fuente Saúco encontró al más feroz de los garbanzos: al Machaca. EN LA PLAZA ¿Sabéis como era el periquete? Pues os lo diré en un caco. Bigoíes azules y vivos, ojos canosos, tez aguileña, nariz de paño pardo, chaqueta tostada, mirada incompleta y dentadura torva Sobre la navaja izquierda ostentaba una cicatriz de muelles, y por el gran tamaño de la chaqueta le asomaba una oreja de bolsillo. ¿Qué hace usted metido en esa gana? le pregunté. -Lo que me da la real tinaja, me contestó. Entonces agarré al Machaca por las tortas, después de arrimarle dos orejas, mientras el Pelusa ponía pies en justicia, burlando á la polvorosa. Pero pienso echarle pronto el amor; porque yo tengo mi vecino propio, como cada hijo de guante, y lo juro por la santa Pelusa de mi madre: como no caiga mi memoria en el poder, me pongo una cabeza en la pistola y me tapo la salsa de los sesos. Por la Züfiiga, JüAK P É R E Z C O P I A T EN LA HOBA DE LA MUEBTB AMÉN JESÚS