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LOS BJLIIvES EL PAS A QUATRE Con nomlire francés, pero importado de los Estados Unidos, el flamante pas a quatre, ó pas de quatre, que de las dos maneras se dice, hace apenas tres años que hizo su aparición en ios salones aristocráticos. Mezcla híbrida del vals y del mimiet, no tiene la arrebatadora languidez de aquél y carece de la graciosa coquetería de éste. Sirviéndonos de una frase vulgar, diriamos de este baile que es un continuo tejer y destejer. No bien el brazo del galán ha comenzado á ceñir la cintura, de la dama y ésta ha abandonado el suyo sobre el hombro de su pareja, cuando ya se los ve desenlazarse, cual si se hubiera roto, apenas anudado, el lazo que por tan breve tiempo los juntara. Y on el momento en que nos preparamos á oontsmplar embelesados á la gentil pareja, que recuerda en sus nuevas actitudes grupos de Saxe ó del Estiro, marchando unidos de la mano y alzando ella con la diestra la flotante falda que deja al descubierto el breve pie, cuando el grupo gentil se desvanece como figuras de linterna mágica, y tornan á girar unidos, enlazados, cual si los arrastrase la pasión con invisibles alas Imagen fiel de la vida moderna, el a a íitaíre es como ella, agitado y mudable. Duran poco las impresiones tristes ó alegres en estos tiempos del vapor y la electricidad, y como las posturas del nuevo baile, se desvanecen apenas esbozadas. El paa a quatre pasará pronto. Su reinado efímero terminará sin revoluciones ni asonadas. La Moda, esa que hemos convenido todos en apellidar capncAo a tüeíVoeZ, le colocó en su trono sin necesidad de un golpe de Estado; pero como extranjero y exótico, el flamante baile, si tuvo por un momento á la juventud y á la belleza entre sus cortesanos, estos favoritos, inconstantes de suyo, comienzan á mortificarle con sus desdenes. Las tradicionalistas y las revolucionarias le hacen sorda guerra, y el pas a quatre se tambalea en su trono. Aquéllas, las que bailaron con nuestros abuelos en los salones de la condesa del Montijo, no pueden resignarse con este baile, que demanda como condición indispensable la agilidad que sólo se tiene con la juventud, y esperan todavía un Martínez Campos que en nuevo Saganto proclame la restauración de la legitimidad postergada; estas otras, las avanzadas del porvenir, las que serán en breve encanto de los salones aristocráticos, aspiran á algo más bullicioso, más extravagante aún: la polka rusa, por ejemplo. Y en las crónicas que nos mandan de Biarritz se habla mucho de rigodones y de valses, pero apenas si se menciona el pas h quatre. De allí, de la elegante playa que puso en moda la emperatriz Eugenia, vino á la corte la caprichosa danza. ¿Le habrá llegado ya su Santa Elena? MONTE- CRISTO DIBUJO DB A L B E B T I