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LA FUNCIÓN DE MI PUEBLO Al doblar la fatigosa curva que ponía punto á penosa ascensión hecba é. través de la azulada sierra, el tren hizo alto como un destacamento; la locomotora respiró íuertemente como el hombre gordo después de subir una cuesta, bebió agua, echó el humo por las narices igualque un fumador, y con movimiento suave, perezoso, con algo de galvana, tiró del tren, que al enderezarse por las llanuras áridas y tristes, entonadas por el color amarillento de los rastrojos, parecía una inmensa serpiente arrastrándose por un surco. Easgó los aires el agudo silbido de la máquina, con lo que acusaba testimonio de su llegada; asomó la cabeza por la ventanilla, y allá en lo recortado del fondo divisé las casas negras y apretadas de mi pueblo, de las que se destacaba la torre de la igl ísia, que parecía un inmenso sombrero de copa. Recogí mi maletín, di un apretón de manos á mis compañeros de viaje, y al saltar al andén salvaron la distancia unos fuertes y nervudos brazos que me cogieron como á un reciennacido. En seguida otros se disputaron el mismo honor, luego otros, y por fin uno de la comisión, porque aquello era una comisión ¡dónde no habrá comisiones. Dios mío! dio á entender que de seguir aquellas muestras de júbilo y cariño, era muy fácil que no llegase al pueblo, porque los señoritos de Madrid estamos muy delicados, mejor dicho, dicen que estamos tísicos. ¡Dios les pague ía buena voluntad! Como es natural, me vi obligado á pronunciarles un discurso (por mucho menos se pronuncian otras veces) y, naturalmente, fui ovacionado como cualquier diestro en provincias, porque para eso tuve muy buen acierto de hablarles de cosas de las que no entendieran una palabra, pero que les cayeran en el oído. -Estos que están en la imprenta, decía uno, tienen mucho talento. -Yo daría cualquier cosa por ser papelista, añadía un segundo. -Oiga usté: y tó lo que escriben ustés, ¿lo sacan de su cabeza, ó lo copian ustés? interrogaba otro. V J v- Z smñ ¡f ¿I ¿P ii. v ¡Naturalmente! exclamaba uno que, por lo visto, estaba al tanto de estas cosas. En esto llegamos á la plaza, donde estaba la feria de granos y diviesos, especie de Bolsa en la que en vez de cotizarse francos, cubas, exteriores con vistas á la baja, etc. se cotizaban la cebada, el trigo, centeno y demás comestibles.